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Al igual que la inmensa mayoría de las empresas del rubro informático, Arbusta es una firma que presta servicios de este rubro a otras que lo solicitan y, particularmente, lo pagan. No obstante, intenta diferenciarse del resto con un perfil de tipo “social”. “Dar trabajo a personas invisibles al mercado laboral”, o en situación de vulnerabilidad, cuando en realidad, son parte de un círculo que incluye ayuda desde programas de RSE (responsabilidad social empresaria) de grandes empresas —como el grupo Telecom o Globant— hasta aportes del Estado —Provincia de Santa Fe, por caso—. El discurso de “la cuestión social” queda desdibujado cuando el grupo empresario paga salarios de entre $4.000 y $8.000.

Empresas en todo el mundo adhieren a programas “sociales”, con que, por medio de aportes tan desinteresados como suntuosos sostienen financieramente a alguna organización no-gubernamental o grupo social. Así también hacen con otras causas, como ser el cuidado del medio ambiente, reducir brechas tecnológicas, combatir alguna enfermedad o defender las libertades civiles.

Muchas de estas organizaciones verdaderamente aportan a la sociedad y cumplen funciones muy importantes tanto para el desarrollo económico, defensa de derechos civiles o bien generan información y conocimientos importantes a través del financiamiento de investigaciones.

No obstante, muchas veces, los fines de este tipo de asociaciones no son del todo claros, o no son tan nobles como aseguran. Particularmente cuando no parten de la sociedad civil, y son parte de grandes empresas.

Los empleados de Arbusta emprendieron el camino para mejorar sus condiciones de trabajo. Una “empresa social” que “da empleo a personas invisibles para el mercado laboral” (sic), que recibe apoyo y contratos de grandes coporaciones y gobiernos, paga salarios entre $4.000 y $8.000.

CEOs, managers, ejecutivos, empresarios y financistas posan cada tanto ante algún barrio desfavorecido, de los tantos que hay en nuestro país, en una ensayada pose de preocupación hacia la situación de los más necesitados.

Práctica tan en boga en épocas en que el 10% más rico de la población acumula 25 veces más ingresos que el decil más pobre —según el INDEC— y cuando la Argentina retrocede en los índices del coeficinete de Gini —que mide la desigualdades de ingresos en los países—.

Con estos mecanismos, fundaciones, programas de RSE —responsabilidad social empresaria— o las polémicas ONGs, las empresas muchas veces buscan lavar su imagen, activos no declarados o sencillamente hacer negocios.

En los últimos años, en numerosos países se han desatado polémicas en cuanto a la verdadera función de las ONGs, tras salir a la luz casos de corrupción, fraudes y aún casos de espionaje en que figuraban este tipo de organizaciones triangulando entre empresas privadas y organismos públicos o partidos políticos. En países tan disímiles como Rusia o Bolivia, así como en países europeos o China, están fuertemente reguladas.

No obstante, combinar la “cuestión social” con la actividad lucrativa, aparece entonces, como algo nuevo. “Empresas con impacto social” que orientan sus búsquedas de recursos humanos hacia “personas que eran invisibles para el mercado laboral” —como se lee en la página de la empresa—, tienen dos objetos como empresa: un fin lucrativo y un fin social.

Un negocio redondo

Arbusta es una empresa fundada y controlada por el holding Njambre. Un holding es una sociedad financiera que lleva la administración de un conjunto de empresas, Njambre controla a Arbusta y otras tres firmas de servicios con perfil “social” o con valores oenegeístas.

No obstante la visión altruista de transformación social o cuidado del medio ambiente que esgrime el grupo financiero Njambre, no deja de ser eso mismo: un grupo financiero, una empresa que controla a otras empresas.

En los últimos años, se ha vuelto inclusive un lugar común ver a ejecutivos empresarios hablar de inclusión, oportunidades, “alto impacto” (sic), inclusive hay empresas que capacitan a sus empleados en los lineamientos del “capitalismo consciente” (sic).

No obstante, en lo que refiere a las relaciones laborales, en éstas las “ideas innovadoras” tienden siempre hacia mayor flexibilización, precarización y explotación del trabajo por el capital.

Bajo la cortina de “buenas intenciones” y la pose altruista de “dar trabajo” a los “invisibles” del mercado laboral Arbusta ejerce este tipo de prácticas.

“Terminé la secundaria y trabajé en otras empresas, cumpliendo otras tareas, antes de entrar acá”, comentó a la redacción de este portal una afiliada consultada. El argumento de fondo de Arbusta se desmorona con las primeras líneas que se intercambian con empleados y empleadas.

En los hechos, la empresa funciona como lo que es: una empresa. Consigue clientes, vende servicios, contrata empleados y paga salarios. Y ahí el problema entre los empleados. La firma negocia contratos con valores de mercado como cualquier otra, pero paga salarios y ofrece condiciones laborales muy por debajo —por lejos— de los mínimos que estima la Unión Informática para la actividad.

Precarios: monotributistas, salarios entre $4.000 y $8.000 y subsidios

Una pregunta que queda en el tintero cuando se evalúa el discurso de la empresa por un lado, y la realidad cotidiana de las condiciones laborales que ofrece por otro. ¿Se puede generar un impacto social positivo y la tan mentada inclusión social con condiciones de trabajo precarias? Veamos.

En Arbusta existen jornadas full-time y part-time. Para los primeros, el sueldo mensual está en torno a los $ 8.000. En el segundo caso, $ 4.000. Hay empleados que facturan sus servicios a la empresa.

“Es una empresa social”, se justifican los directivos para pagar salarios de espanto y obtener beneficios en un negocio redondo.

Tal es así que una importante cantidad de empleados ingresaron a la empresa con becas otorgadas y financiadas por el Gobierno de la Provincia de Santa Fe para cubrir los meses de formación en los “oficios digitales”. Así como la empresa también recibe apoyo y respaldo (financiero) de otras importantes firmas, dentro de sus programas de RSE, como el grupo Telecom.

En febrero último, según informó el diario rosarino El Ciudadano, se inauguró un nuevo Centro de operaciones de Arbusta en Rosario, desde donde se brindarán servicios para clientes como diario La Nación, Gobierno de Santa Fe, Mercadolibre, OMINT, Banco Provincia y Rofex, entre otros.

Según el mismo portal, “la apertura de estas nuevas oficinas es acompañada por el Grupo Telecom, que apoya la iniciativa desde hace dos años en el marco de su programa de RSE” .

En un momento en que los altos mandos corporativos del rubro IT local desfilan por medios de comunicación y practican su gimnasia de cabildeo y lobby entre los ministerios, vendiendo sus “ideas innovadoras”, pero también quejándose de que “faltan programadores”. ¿No sería innovador acaso ofrecer condiciones laborales óptimas, salarios excelentes y capacitación permanente y de calidad a cualquier aspirante a ingresar a una empresa “de sistemas”?

Evidencias. Los recibos de sueldo de Arbusta no sólo exhiben sueldos magros, fuera de convenio e inclusive, muchos trabajadores son aún monotributistas. También, entre los ítems figura una resolución del Ministerio de Trabajo (ver link, Res. 2186/2010), por medio de la cual el Estado Argentino paga parte de los ya de por si precarios salarios de los empleados. Como se ve en el recibo, de los $4000 —jornada part-time— de sueldo que paga Arbusta, $1700 son aportados el Ministerio de Trabajo.

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