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¿Es posible compartir información en la era digital sin estar conectado a Internet? Esa es una de las propuestas de Dead Drops, un movimiento que se inicia cuando un participante incrusta una unidad USB en una grieta en un muro, y la fija con un poco de cemento.


Los pendrives pueden ser encontrados por azar o ser vistos por transeúntes de mirada atenta, aunque también hay un camino más directo para llegar a ellos: consultar las coordenadas precisas que se publican en el sitio http:/deaddrops.com. Sólo un par están en el mapa argentino, ambos en Santa Fe.

Dead Drops, un movimiento que se inicia cuando un participante incrusta una unidad USB en una grieta en un muro, y la fija con un poco de cemento creando una "red anónima offline de intercambio de archivos en espacios públicos”.

Dead Drops, un movimiento que se inicia cuando un participante incrusta una unidad USB en una grieta en un muro, y la fija con un poco de cemento creando una “red anónima offline de intercambio de archivos en espacios públicos”.

¿Qué estímulos justifican la movida? El juego es uno de ellos. Aram Bartholl, el artista multimedia alemán que hace casi seis años colocó el pendrive original del proyecto, confiesa que en parte Dead Drops es la consumación de un berrinche de su infancia. El berlinés cuenta que de niño quiso ser un espía y, de hecho, el nombre del movimiento (buzones muertos, en español) refiere a un método de espionaje que permite el intercambio de información sin la necesidad de que los agentes secretos pongan en evidencia su reunión.

Bartholl tampoco esconde los vínculos de su propuesta con la del Geocaching, un juego 100% geek que consiste en enterrar tesoros (con libros, discos, pendrives) y compartir luego la ubicación geográfica en foros dedicados a esta práctica, para que otros participantes salgan a la caza, GPS en mano.

Dead Drops también encuentra impulso en el arte y se apoya en algunas analogías interesantes, por ejemplo la que Bartholl comparte en diálogo con el diario La Nacion: “Probablemente Dead Drops es un proyecto artístico porque yo he dicho que lo es. En este punto podríamos retomar la clásica pregunta acerca de qué es el arte, que para mí no es relevante. Sí es relevante la imagen de una unidad USB clavada en una pared, y esa es la clave del proyecto: convertir las casas y la propia ciudad en unidades de almacenamiento”.

Anonimato

A Bartholl le gusta decir que Dead Drops es una “red anónima offline de intercambio de archivos en espacios públicos”. Esta declaración invita a reflexionar respecto a nuestros hábitos en Internet y, en esta dirección, sobre el avasallamiento a la privacidad.

“Usualmente se dice que Internet es un espacio público, aunque yo creo no es lo es. Un espacio público supone anonimato e Internet se ha convertido en una herramienta de control total”, dice Bartholl.

Tres años antes de las divulgaciones de Edward Snowden, el ex agente de la CIA que puso de manifiesto maniobras de espionaje a gobiernos, empresas y hombres de a pie, Bartholl ya había instalado en una pared de Nueva York el primer USB de Dead Drops. Dice que no recuerda qué introdujo en él, aunque señala que usualmente comparte sus trabajos artísticos. En todos los casos, estos recipientes de información contienen un archivo de texto que explica en líneas generales el proyecto e invita a que otros se sumen para compartir información “de modo consciente y sin reglas político-económicas”.

Según Bartholl, “comenzó siendo una iniciativa pequeña y creció muy rápidamente”. En rigor, a la fecha hay unos 1600 pendrives en el mundo, la mayoría en Europa y Estados Unidos.

Según Paloma Díaz, licenciada en Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid y doctora en Historia del Arte en la Universidad de Barcelona, en Dead Drops “el hecho más importante es reflexionar sobre el control existente cada vez que se realizan cualquier acción en Internet”. En el sitio Uncovering CTRL (http:/www.uncoveringctrl.org), la investigadora aborda los mismos temas de su tesis doctoral, Prácticas artísticas digitales y tecnologías de control y vigilancia, donde señala que Dead Drops se postula como un “verdadero servicio físico alternativo”, que a su vez reprocha la propuesta de la computación en la nube que opera “sin que el usuario tenga en cuenta la existencia de una encriptación adecuada por parte del proveedor, aumentando la posibilidad de que se produzcan fallos de seguridad imprevistos”.




Fuente: Diario La Nación


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