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En el primer mundo también se consigue. Cortes de calle, protestas ruidosas, transportes parados, vuelos cancelados, estruendos de artificio para hacer visible algún reclamo gremial o postergaciones inclusive en las sociedades más avanzadas.

Tanto Europa como los EEUU, cuentan con una importante tradición sindical. Organizaciones gremiales poderosas han alcanzado derechos laborales como las vacaciones pagas a fines del siglo XIX, cuando en nuestro país, fueron una conquista de mediados del siglo XX. Fueron los artífices del Estado de bienestar del siglo XX. Pero no sin sacrificios. Protestas violentas como las que se vivieron en Francia durante 2016 que pretendían frenar una reforma laboral y previsional impulsada por el gobierno, son parte escencial de la sociedad europea aún hoy, como lo son desde el inicio de la era industrial.

Países y naciones considerados del “primer mundo”, “sociedades modernas” o “democracias avanzadas” suelen ser también lugares donde toda la sociedad respeta la libertad sindical y el derecho al reclamo por parte de los trabajadores perjudicados por situaciones injustas.

En Europa, en el mentado “primer mundo”, el Estado de bienestar, los derechos sociales y laborales guardan un correlato directo con los sindicatos y organizaciones obreras. Las manifestaciones y protestas gremiales, así como la libertad de asociación, son derechos contemplados por las constituciones y leyes de las “democracias avanzadas”. Que el servicio de internet y teléfono tenga interrupciones por una protesta de los trabajadores, o que los aviones no despeguen por una huelga de pilotos, son cosas que también pasan en las primeras economías del mundo.

En las economías más desarrolladas Europa, los altos ínidices de desarrollo humano, la calidad de vida, los derechos laborales adquiridos, mercados internos dinámicos, políticas sociales, sistemas de previsión y salud y derechos sociales provienen en gran medida de la actividad sindical.

A pesar de los inconvenientes que puede producir una protesta sindical —desde problemas en el servicio de internet hasta la postergación de un vuelo en avión—, a una huelga o medida gremial se llega tras un largo camino en que una de las partes no fue escuchada, atendida en sus reclamos y sus derechos negados.

Huelga de pilotos en Alemania

Los pilotos de la aerolínea alemana de bandera Lufthansa mantuvieron miles de vuelos en suspensa tras casi un mes de protestas y huelgas. Desde mediados de noviembre, hasta ya entrado el mes de diciembre, los pilotos y tripulantes de abordo de una de las principales aerolíneas del continente europeo, mantuvieron una inflexible huelga en reclamo por mejoras en su Convenio Colectivo de Trabajo.

Organizados en el sindicato Vereinigung Cockpit, que nuclea a pilotos y personal aeronáutico alemanes inclusive de otras aerolíneas, el eje de la disputa está en su Vergütungstarifvertrag. Para el lector desprevenido, que no domina la lengua sajona, el Vergütungstarifvertrag es el equivalente castellano de “acuerdo salarial”.

El reclamo y la negociación se encuentran en torno al 4 ó 5%. No obstante, la discusión se encuentra empantanda: la empresa ofrece un aumento salarial de 4.4 por ciento este año y el próximo, más un monto no especificado “por única vez”; el sindicato, por su parte, reclama aumentos retroactivos de 3.66 por ciento anual para los últimos 5.5 años.

Un hecho a destacar —que marca la diferencia Lufthansa informó a través de sus redes sociales oficiales sobre la huelga, en un claro reconocimiento a la legitimidad de la organización gremial. Entre fines de noviembre y principios de diciembre, seis días de paro le obligaron a cancelar 4.461 vuelos, lo que afectó a 525 mil pasajeros.

Por el momento, la medida gremial se encuentra suspendida, mientras pilotos y empresarios aguardan los resultados de una negociación tirante. El pasado 16 de diciembre el sindicato y la aerolínea acordaron que a través de un mediador mantener la paz laboral en relación con el convenio colectivo, con el fin de acordar una solución duradera entre ambas partes. Ambas partes buscan dar por cerrado el conflicto a principios de 2017.

40mil empleados de Verizon protagonizaron una huelga histórica en las comunicaciones en EEUU

Letreros rojos con letras blancas exhibían los trabajadores de Verizon Mobile, uno de los principales operadores de las telecomunicaciones en los EEUU, en reclamo de mejores condiciones de trabajo y aumento en los salarios mínimos. Un total de 40 mil empleados, organizados en sindicato Communications Workers of America —CWA, trabajadores de la comunicación de los Estados Unidos— iniciaron una huelga con protestas histórica para el sector.

“CWA on strike for GOOD JOBS” fue una de las consignas que aglutinó a los empleados de la compañía. La agenda de reclamos entre los trabajadores se centraba en la defensa de derechos adquiridos décadas atrás. La empresa pretendía hacer renunciar a sus derechos a los empleados, intentando introducir por la fuerza una nueva política de flexibilización laboral.

Las protestas alcanzaron su punto más álgido en abril y mayo de 2016, tras 10 meses en que la empresa no dio respuestas a los empleados ni al sindicato.

Las prácticas desleales que implementaó Verizon para presionar contra la medida gremial resultaron ineficientes. La empresa rotaba técnicos de puesto de trabajo y ciudad cada 120 días y cancelaba los planes de salud de los trabajadores que se afiliaban al sindicato CWA. Otro de los recortes que pretendió realizar la empresa, era quitar las pensiones y planes de salud a los ex-empleados jubilados, lo que se constituyó en uno de los puntos que más adhesiones sumó a la medida.

Verizon ha venido reduciendo su personal vital, cerca del 40 % desde hace una década, y no ha cumplido con la necesidad de contratar el personal necesario para desempeñar apropiadamente el servicio”, afirmaron desde CWA.

También sostiene que han trasladado más de 5.000 puestos de trabajo hacia México, Filipinas y la República Dominicana, particularmente en lo que refiere a servicios como atención al cliente. Verizon está aumentando fuertemente la cantidad de servicios tercerizados en empresas subsidiarias. Y según el sindicato, que sólo en 2015, Verizon tuvo beneficios netos en torno a los U$S 80 mil millones.

En agosto, por su parte, trabajadores de AT&T votaron en asambleas medidas de fuerza contra la empresa. Los reclamos eran los mismos: renegociar sus contratos y convenios laborales sin el recorte de planes de salud, seguros de retiro y pensiones, mejoras laborales y salariales. Desde la empresa destacaron la capacidad de negociación de los dirigentes sindicales y lo legítimo del derecho de los trabajadores a elegir sus representantes, no obstante, según dejó trascender la prensa, los directivos aseguraron “no estar acostumbrados” a estos niveles de conflictividad.

Tanto en Verizon como en AT&T la organización gremial de los empleados, las asambleas, huelgas y protestas dieron margen de maniobra para que la organización gremial CWA lograra torcer las políticas de flexibilización que planteaban las empresas. Una victoria histórica, según el análisis de especialistas numerosos portales de información.

EE.UU. tiene una importante tradición sindical. Y esto se demostró en 2016, cuando a pesar de la mentada “recuperación económica” tras la feroz crisis financiera de 2008 —la cual se la compara con la de 1930—, se han empezado a levantar renovados movimientos sindicales en diversas actividades, así como reclamos transversales a todos los trabajadores. Uno de estos, es por ejemplo, la pelea por elevar el mínimo salarial a U$S 15 la hora de trabajo o mejores contratos de trabajo. La consigna #FightFor15 se hizo bandera para sindicatos y sectores políticos, las ideas socialistas del excanidadto Bernie Sanders contra Wall St. y los bancos, así como la promesa de “hacer a EE.UU. grande de nuevo” a través de la recuperación de puestos de trabajo de calidad del presidente-electo Donald Trump, han calado hondo en empleados y trabajadores de todo el país, gravemente perjudicados por las políticas de flexibilización laboral promovidas por empresas y gurús de la economía.

La Torre Eiffel, cerrada al turismo por una huelga

La torre Eiffel de París se mantuvo cerrada al público por casi una semana a causa de una huelga de su personal, en conflicto con la empresa que la explota.

En un breve comunicado, la Sociedad de Explotación de la Torre Eiffel (SETE) dijo lamentar “la continuación del cierre (…) debido a un movimiento social del personal” y pidió disculpas “al conjunto de sus visitantes”.

Los empleados habían decidido previamente en asamblea general realizar una protesta, que se debe a reivindicaciones salariales pero también a la orientación estratégica de la empresa.

En estas fechas, unas 6.000 personas suben cada día al que se considera el monumento de pago más visitado del mundo.

Los sindicatos CGT y Fuerza Obrera (FO) llamaron a la huelga este martes, no por reivindicaciones salariales, sino por la falta de “diálogo social con la dirección y la ausencia deliberada de transparencia sobre las decisiones estratégicas que se siguen”.

Al parecer, hay una preocupación general entre los trabajadores que no habrían sido advertidos de los riesgos sanitarios por la presencia de residuos de plomo en la pintura con la que van a volver a pintar la estructura próximamente.

Precisamente, a principios de octubre, la SETE fue condenada por un tribunal administrativo a pagar 18,750 en concepto de multa por daños y perjuicios por no haber permitido a sus trabajadores “protegerse” como era necesario durante los trabajos de renovación de la primera planta en marzo de 2012.

Durante las obras, el monumento permaneció abierto tanto para los trabajadores como para el público. Un informe mostró en su día que la presencia de plomo en la pintura era 30 veces superior a la reglamentaria. La dirección era consciente de este problema pero lo ocultó al público.

Los sindicatos denuncian también que se han producido nuevos contratos en la dirección mientras que los de personal están paralizados, algo que la dirección justifica por la reducción de afluencia.

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