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Según fuentes de IBM en EE.UU. las directivas llegaron a cada ibmer este mismo lunes 6 de febrero. El personal que trabaja de forma remota, desde su casa probablemente a kilómetros de la oficina más cercana, cuenta con el plazo de 30 días para decidir si sigue o no en la empresa. En lo que parece ser una tendencia que comienza por los EEUU para continuar por los demás países, desde la dirección de la empresa, están convocando a los ibmers a volver a los edificios de la empresa a “trabajar codo con codo y en equipo” con los otros ibmers. ¿Qué hay detrás de tan drástica decisión?

Should I stay or should I go?

Según fuentes de IBM en EE.UU. las directivas llegaron a cada ibmer este mismo lunes 6 de febrero. El personal que trabaja de forma remota, desde su casa probablemente a kilómetros de la oficina más cercana, cuenta con el plazo de 30 días para decidir si sigue o no en la empresa. En lo que parece ser una tendencia que comienza por los EEUU para continuar por los demás países, desde la dirección de la empresa están convocando a los ibmers a volver a los edificios a “trabajar codo con codo y en equipo” con los otros ibmers.

Todo comenzó por la dirección de Marketing. La ejecutiva a cargo de este área Michelle Peluso, desde la sede central de IBM en Nueva York, envió un comunicado a los empleados bajo su jerarquía con una amenaza solapada. En el lapso de un mes deben decidir quedarse en la compañía o bien en la calle.

Desde La Corporación lo difunden como una manera de mejorar el trabajo en equipo, la moral y —fundamentalmente— la productividad de los empleados; apostando a los nuevos valores de la cultura empresaria moderna, como la inspiración y los desafíos. No obstante, el primer desafío para los ibmers estadounidenses es el de verse forzados a migrar de una ciudad a la otra —según donde sean radicados por el arbitrio de la empresa— sin mejoras en sus salarios ni contratos. Por el momento, los edificios donde deben ubicarse los empleados en EEUU son seis (Nueva York, San Francisco, Austin, Cambridge, Atlanta, o Raleigh).

Lo que comenzó como un reordenamiento del área de marketing, se movió hacia otros sectores. La misma directiva recayó sobre los empleados de software e ingeniería. Si bien por el momento estas instrucciones se están aplicando sólo en esas áreas y en EEUU, portales especializados especulan con una extensión de esta política hacia otros sectores y países.

Make IBM great again

Tras sostener durante años una política de homeworking que beneficiaba a decenas de miles de ibmers en todo el mundo, la empresa decidió que es hora de “volver a trabajar hombro con hombro y en equipo”. Los directivos de La Corporación comenzaron por EEUU y Europa a comunicar a sus empleados que, en el plazo de 30 días, deberían instalarse en alguna de las sedes de la empresa que le indiquen sus superiores o renunciar. ¿Qué hay detrás de un cambio tan drástico?.

Según el portal británico especializado en tecnología y el mercado IT, The Register, IBM estaría extendiendo esta decisión hacia otros sectores e incluso países. Acorde con el análisis del sitio, La Corporación estaría buscando reducir costos en la base de la pirámide: forzar a los empleados que trabajan en modalidad home working a trasladarse a las oficinas (muchas veces, esto implicaría los costos de una mudanza y viáticos) sin mejoras en los salarios, equivale a empujar a miles de ibmers a la renuncia. Particularmente a aquellos que están hace más años. Al igual que en nuestro país, aquellos trabajadores con mayor antigüedad son los más caros, e IBM apuesta a incorporar empleados más jóvenes por salarios más bajos y con menores beneficios.

Esto va en consonancia con los planes de reestructuración del gigante informático. La propia Virginia Rometty, CEO de la firma, dispuso estos cambios al calor de los balances anuales que cierran consecutivamente a la baja.

No fue sino después de la fenomenal crisis financiera mundial desatada en 2008, que IBM, en pos de achicar gastos, envió a trabajar de forma remota al 40% de los entonces 386.000 ibmers en todo el mundo. Según las proyecciones de la propia empresa, enviando a los empleados a trabajar desde su casa, se ahorrarían millones de dólares en mobiliario, alquileres de oficinas y compras de edificios.

La crisis económica global y su consecuente impacto en los presupuestos, ha llevado a una urgente reducción de costos tanto en el sector público como el privado. La administración de bienes raíces [léase, alquiler, compra y venta de inmuebles y oficinas para radicar personal e instalaciones, n. de la r.] es un objetivo principal a la hora de recortar gastos, importantes sumas se pueden ahorrar con un fuerte programa de teletrabajo”, escribió entonces en un paper Janet Callow, del IBM’s institute for electronic government.

Alrededor del 40% de los empleados IBM no tenían una oficina tradicional, así como decenas de miles ya estaban trabajando lejos de su lugar de trabajo desde hacía algún tiempo, según el mismo estudio que citó el portal The Register. Entre todos los beneficios para las empresas que menciona este estudio, figura que, en caso de un desastre natural, un brote de epidemia de influenza o un ataque terrorista con armas biológicas, los empleado pueden seguir trabajando y sostener las operaciones desde sus casas. También el homeworking es más ecológico, siendo que reduce el consumo de combustibles en el traslado del personal a su trabajo. Textuales convincentes de un estudio que parece haber perdido su vigencia.

No obstante, algunos años más tarde, la conducción estratégica de IBM parece haber cambiado de opinión respecto de los beneficios del homeworking. Más bien, parecen haberse persuadido de todo lo contrario. En su comunicado a los ibmers Peluso propone con ahínco retomar el trabajo codo con codo, y dio un plazo de 30 días los empleados para entusiasmarse con volver a la oficina después de años —o entrar por vez primera— o retirarse de la compañía.

El sinuoso y largo derrotero de IBM llevará esta vez a relocalizar a miles de empleados en sus correspondientes sedes en los EEUU y Europa. Pareciera que no obstante los argumentos a favor, el homeworking tiene un punto débil para los teóricos de La Corporación: la productividad. Con los empleados trabajando en las sedes de IBM, se puede incrementar el control sobre su trabajo —individual y de conjunto— y tenerlos vigilados de cerca.

Ginni también quiere que IBM esté en sintonía con los nuevos tiempos e ideas de la política estadounidense. Con la llegada de Donald Trump al salón oval, Rometty no tardó en hacer saber al nuevo POTUS, que IBM está dispuesta a apoyar su proyecto de gobierno, y prometió la generación de 25.000 puestos de trabajo en los EEUU —sólo tras haber destruido la misma cantidad de empleos en los últimos cinco años—. Los estrategas de la centenaria IBM ven nuevamente su oportunidad de volver a capitanear la industria tecnológica mundial, siendo que en los últimos años La Corporación quedó relegada en la carrera tecnológica tras los “nuevos gigantes” como Google, Apple, Microsoft y Facebook y su rápido avance y desarrollo.

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