Sobre la devaluación del peso argentino, quiénes ganan y quiénes pierden en el nuevo escenario. La economía complicada frente a un 2014 que inició intenso.

    No obstante la ausencia de este tema en las primeras planas de algunos medios de comunicación, es fundamental prestarle atención a los recientes sucesos económicos del país. Ante cambios bruscos en la dirección de las políticas económicas siempre se esconden intereses y actores sociales y económicos que resultan unos beneficiados, y otros prejudicados.

    Los problemas centrales de la economía nacional y su actual coyuntura fueron enumerados recientemente en otro artículo publicado en este sitio. No obstante, no está de más repasarlos:

    Inflación alta – como resultado principalmente de la puja distributiva capital-trabajo –, balanza comercial deficitaria, problemas cambiarios, pérdida de reservas, una política de subsidios mal dirigida, una creciente restricción externa por falta de dólares, altos niveles de extranjerización y concentración de la economía, falta de inversión para el desarrollo, el empleo estancado, salarios que – en el mejor de los casos – llegan a empatar con la inflación y alto porcentaje de trabajadores en negro – un 35% de trabajadores que no tienen ni paritarias ni menos trabajo estable –.

    Es en este escenario es preciso repensar la coyuntura actual.

    La industria y el agro

    Si bien es altamente dependiente de la imortación de insumos, tecnología y autopartes, la industria automotriz se vería fuertemente favorecida con la devaluación del peso argentino.
    Si bien es altamente dependiente de la imortación de insumos, tecnología y autopartes, la industria automotriz se vería fuertemente favorecida con la devaluación del peso argentino.

    El peso devaluado respecto del dólar le da una gran mano a sectores deficitarios de la producción local a mejorar sus números, por ejemplo, la industria de exportación. La industria argentina venía perdiendo terreno en el comercio internacional (particularmente dentro del MERCOSUR, que es donde coloca el grueso de la producción) por cuestiones relativas al atraso cambiario, falta de inversión en desarrollo y producción y, según el empresariado local, porque ‘los trabajadores argentinos eran más caros que los brasileros‘. Las palabras del representante de FIAT en Argentina, C. Rattazzi, apuntan a las paritarias y los -altos salarios- que perciben los empleados de estas ramas de la actividad.

    No obstante, hoy día, al tener sus costos de producción en una moneda devaluada –salarios de sus empleados, impuestos locales, insumos son todos en pesos– y vender en el exterior en dólares, la industria local recupera competitivad respecto de Brasil, el otro gran exportador de manufacturas de la región, y tiene la posibilidad de exportar en mayor volúmen automóviles, electrodomésticos, etc. En resumen, se vuelve más barato, por ende, vende más en el exterior. Estas ventas, al estar facturadas en dólares, crean grandes ganancias para las empresas exportadoras, lo que idealmente debería traducirse en una mayor inversión, apostar a un salto de escala en producción (por ejemplo, reemplazar las autopartes que hoy día se importan que pueden ser producidas localmente y que representan, como piso, el 50% de cada manufactura industrial que se produce localmente) y en aumentar su planta de empleados.

    No obstante un escenario favorable, la primera reacción de esta parte del empresariado local optó por el aumento del valor de sus automóviles a la par de la devaluación. Es decir, trasladaron el valor del dólar al producto final, que venden localmente en pesos.

    La misma devaluación que ayuda a las exportaciones, limita, por otro lado las importaciones, al hacerlas más caras. De esta manera se protege el mercado interno y la producción local de la competencia de manufacturas extranjeras. Esto, según la teoría, debería repercutir en el ingreso de más dólares a las arcas públicas (por la liquidación de exportaciones) y egresen menos dólares (por una baja en el volumen de importaciones). Por otro lado, al estar protegida la industria local de la competencia de otros bienes producidos fuera del país, debería fortalecer el mercado interno y, particularmente impulsar la generación de empleo.

    Otro sector que se ve particularmente beneficiado por este tipo de medidas es el agroexportador. Los grandes productores de soja –principalmente aquellos que concentran grandes latifundios–, y de otros productos de la tierra, tienen fuertes intereses en que la moneda se devalúe, para exportar en dólares lo que producen en suelo argentino por pocos pesos.

    No hay perder de vista que, al revés que el sector industrial que requiere mayor cantidad de personal, maquinaria, insumos, instalaciones y una mayor inversión que tarda más en amortizarse, la producción sojera a través de las semillas transgénicas, maquinaria agrícola alquilada localmente, muy poca mano de obra y mecanismo financieros varios (por ejemplo, pooles de siembra), sumado a la gran concentración de la propiedad de la tierra en escasos dueños, obtiene enormes réditos del monocultivo y su exportación.

    De ahí que estos sectores especulan con liquidar sus cosechas: mientras más demoren la exportación de granos acopiados en silos, más devaluado estará el peso y, por ende, más rédito tendrán al momento de exportar.

    La soja, principal exportación argentina.
    La soja, principal exportación argentina.

    Uno de los puntos que se mencionaban entre los problemas clave de la economía local es la concentración y esto se conecta directamente con el problema de la falta de dólares (restricción externa, o balance de pagos internacionales). Por ejemplo, sólo en el caso de las exportaciones del agro, son siete empresas, foráneas todas, las que controlan más del 80% de la exportación de soja. Esto quiere decir que son sólo siete empresas las que acaparan las ganancias de la exportación de la soja que se produce por un puñado de empresarios en suelo argentino. No así el Estado, que al no tener bajo su órbita el control del comercio exterior, pierde el grueso de las ganancias (en dólares) de las exportaciones de bienes de amplia demanda en el mundo, como la soja, principal exportación argentina.

    No sucede lo mismo con los pequeños y medianos productores, ya sea de soja o de otros productos agropecuarios, que por tener una escala mucho menor que los grandes terratenientes, no pueden especular con postergar la liquidación de sus cosechas o siquiera poner un precio que les convenga a la hora de vender su producción a las acopiadoras de granos.

    Algo similar ocurre con las automotrizes y sus exportaciones. Quienes producen automóviles y autopartes en este país son filiales de grandes corporaciones transnacionales. Sea FIAT en Córdoba, Ford en Pacheco o Peugeot-Citroën en Caseros, son empresas extranjeras que ganarán mucho más dinero al producir localmente a un menor costo y exportando en la divisa estadounidense. Por esta misma razón, es que les conviene mucho más vender fuera del país que abastecer el mercado interno, en el que pretenden vender los autos a precios dolarizados.

    Y de vuelta, la concentración: en lo que a manufacturas industriales que se exportan, sólo cien empresas (de capitales foráneos, en su amplia mayoría) concentran el 80% del total de bienes que se envían a otros países.

    Respecto de la devaluación y sus efectos tanto en el mercado interno como el externo, el profesor Darío Ochoa, docente de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), afirma que ‘Con las multinacionales operando en todos los sectores estratégicos estamos complicados. El tema es la inversión. Ahora lo ideal sería dar saltos de competitividad, vía saltos productivos con inversion en tecnologia y hacia el know how‘, en referencia a invertir y desarrollar en el país todos esos insumos que requiere la producción local, que son importados y que la devaluación los vuelve más caros: en algunos casos, como los automóviles, el porcentaje de componentes importados llega al 80% de su valor.

    Las cadenas de electrodomésticos - muchos de manufactura nacional - venden sin precios de referencia y cancelaron las ventas en 12 cuotas.
    Las cadenas de electrodomésticos – muchos de manufactura nacional – venden sin precios de referencia y cancelaron las ventas en 12 cuotas.

    Agrega el profesor que ‘la conyuntura obligó a esto, las cosas no se hicieron del todo bien, no estuvo programado [el tema de la devaluación] y fue muy brusco, pero hay margen para cosas concretas que pueden cambiar lo macro.’ Por último, Ochoa hace hincapié en que ‘es un buen momento para que el Estado recupere los enclaves económicos que fortalecerían mucho más sus finanzas y afianzarían su independencia económica, como ser el control de las exportaciones de granos, la inversión en energía (YPF, Yaciretá, etc.), transporte (una marina mercante propia), etc.‘.

    No está de más recordar que el mercado financiero y bursátil no se encuentra regulado en absoluto, siendo que los bancos y grandes fondos de inversión que operan en este país generan cuantiosas ganancias a base de especulación y estafas. Ganancias que giran limpias a sus casas matrices. Pero hay como para un capítulo aparte sólo de este tema.

    En la misma sintonía se encuentran las grandes corporaciones transnacionales que van desde minería y extracción de recursos naturales hasta servicios informáticos. Que incluso, muchas de estas empresas cuentan con subsidios o beneficios directos por ‘Leyes de promoción‘, que los exime de impuestos y responsabilidades.

    Sólo el giro de utilidades de estas grandes corporaciones a sus casas matrices o cuentas en paraísos fiscales representan más del 50% de la riqueza que se produce en el país. Y contando las 500 principales empresas que operan en la Argentina –incluyendo YPF como empresa nacional– más de 300 son foráneas.

    Exportaciones vs. mercado interno

    Entre el aumento excesivo de precios y el desabastecimiento, problemas por la especulación empresaria excusada por la "incertidumbre" ante el panorama económico actual.
    Entre el aumento excesivo de precios y el desabastecimiento. Problemas por la especulación empresaria ante la «incertidumbre» del panorama económico actual.

    No obstante todos los beneficios mencionados, la devaluación del peso repercutió directamente en los precios. Muchos productores trasladaron –varios sin una razón objetiva, al tratarse de productos manufacturados localmente– la suba del dólar a los precios finales al consumidor.

    Otras empresas, como ser cadenas de venta de electrodomésticos y otras ramas de comercio, suspendieron ventas, ocultaron precios o cancelaron la venta a crédito por la incertidumbre desatada en los mercados.

    Tanto al sector industrial como al agro, así como a los servicios (informáticos o financieros, por ejemplo) ligados a las exportaciones, les combiene mucho más vender fuera del país que dentro. Y esto, podría repercutir negativamente en nuestra economía interna, ya que al haber menor oferta y al trasladar el valor del producto en dólares al producto que se vende internamente en pesos, haría que los precios sigan subiendo. Es echar más leña al fuego de la inflación. En esto coinciden economistas, como Miguel Peirano y empresarios ligados a la industria, como José De Mendiguren (UIA).

    Los que pierden

    Entre los más perjudicados tanto por la devaluación como por el aumento de precios serán los sectores que perciben ingresos fijos, es decir, los asalariados, jubilados y pensionados. Según el diario La Nación, ‘los trabajadores y los jubilados están en el grupo de quienes, en la sociedad, pierden con una devaluación, es algo que deja pocas dudas. Una inflación que se acelera, en un escenario complicado para las negociaciones salariales dado el debilitado nivel de actividad económica, significa que se agravan las dificultades y se refuerza un pronóstico que ya varios economistas venían anunciando‘.

    No es esta la primera vez que sucede algo similar en la economía argentina. Tras las numerosas devaluaciones que ha sufrido la moneda nacional a lo largo de su historia, una sola es la constante: que los que en la puja capital-trabajo los que pierden son los sectores populares.

    Los grandes perdedores son los trabajadores, que tienen su salario fijo y apuntan a una paritaria del 25% en el mejor de los casos‘, explicó al sitio LPO Félix Piacentini, director de la consultora NoaNomics. Todo esto sin perder de vista que más del 30% de la masa de trabajadores está trabajando sin los beneficios de la seguridad social, es decir, sin un sindicato que negocie paritarias y defienda sus intereses ante los sectores patronales. Y Piacentini es optimista, ya que no son pocas las voces que desde los sectores oficiales o de las cumbres empresarias pedían paritarias con un techo de 18%.

    El impacto en el sector SSI

    La caótica situación de la industria IT local, puesta en debate a través de numerosas publicaciones de la Unión Informática, tenía como trasfondo en el relato empresario el atraso cambiario que «impactaba directamente en la rentabilidad de las empresas». Más allá que durante la última década, el sector SSI (software y servicios informáticos) vivió una verdadera bonanza donde proliferaron los negocios del sector tecnológico como nunca antes, en la lógica de mercado resulta inadmisible atravesar un período que no es siquiera de crisis, sino más bien de una merma en las ganancias. Es por ello que con la excusa del atraso cambiario y la consecuente incremento de los costos salariales a manos de la inflación, la industria comenzó a sufrir en los últimos años un proceso de desmantelamiento en el cual se perdieron numerosas fuentes de trabajo. El sector IT, al igual que la industria y el agro era uno de los actores que pedían la devaluación a gritos, arguyendo lo recién expuesto y aduciendo además una supuesta urgencia en recuperar competitividad respecto de otros países donde los costos laborales son supuestamente inferiores.

    La devaluación es un hecho ¿Y ahora? Es el momento de poner a prueba la veracidad del relato empresarial. Haciendo un repaso por la relación costo-beneficio de las grandes empresas, en varias ocasiones se hizo hincapié en la falacia de la caída de la rentabilidad en el sector informático ya que el estado de situación indica un abrumador congelamiento salarial desde hace años: al no haber aún convenios colectivos que fijen los pisos salariales de acuerdo a los ciclos inflacionarios, el único límite vigente es el Salario Mínimo Vital y Móvil. Mientras tanto, las ganancias de las empresas son mayoritariamente en dólares dado que el grueso del sector exporta servicios. En otras palabras: costos «planchados» en pesos, ganancias en dólares. Y no olvidar que la tendencia desde 2011 a la actualidad fue la reducción de puestos de trabajo, sobretodo en las multinacionales de renombre como IBM y HP. Esta tendencia fue oportunamente expuesta en la publicación ‘Empleo y Salarios en IBM Argentina: el informe‘, haciendo eco del enorme fraude que es a la fecha IBM. A la par, es preciso recordar que las empresas IT cuentan con exenciones impositivas de hasta un 60% gracias a la denominada ‘Ley de Software‘, cuyo espíritu estribaría en eximir del pago de impuestos a las empresas en aras de que esos fondos sean destinados a la investigación, el desarrollo y la creación de puestos de trabajo. En un contexto donde existen dos países, el de las leyes y el de la realidad, y a sabiendas del grado de desregulación que hay en el mercado, tal como suceden con los subsidios al transporte y las empresas de servicios públicos privatizadas, esos fondos van a parar a cualquier otro lado menos el desarrollo de la industria y la creación de empleo genuino.

    Volviendo a la cuestión devaluatoria que sacudió la opinión pública en enero pasado, -sobretodo habiéndose expedido el Gobierno Nacional de que no habría devaluación-, esto pone bajo la lupa la calidad de verdad o fraude del relato corporativo. A las claras, hay dos posibles escenarios: o bien la devaluación re-impulsa la tendencia de la última década en torno al desarrollo de la industria tecnológica local y la creación de nuevos puestos de trabajo; o bien la «verdad revelada» del empresariado sobre la pérdida de competitividad a raíz de la inflación y el atraso cambiario, termina siendo un mero embuste más de éste.

    Hasta ahora, la actual crisis materializada en el congelamiento salarial y la inestabilidad laboral justificada en dudosas cuestiones de competitividad no deja más que dudas sobre el futuro inmediato de la industria post-devaluación.

    En síntesis

    Una devaluación de la moneda respecto del dólar no es mala ni buena en sí. Es una medida que se toma por diversas variables que van de lo micro a lo macro-económico. Como se menciona más arriba, los problemas de la macroeconomía argentina son varios, pero se destacan, en el frente externo, la restricción externa por falta de dólares, y en el interno, la inflación como producto de la puja capital-trabajo.

    La devaluación, en un país como la Argentina, con una incipiente industrialización pero no de carácter nacional sino fuertemente extranjerizada, puede servir para dos cosas:

    Caso 1

    • Proteger el mercado y la producción internos, haciendo más caras (menos competitivas) las importaciones de manufacturas y más baratas (más competitivas), respecto de otros países de la región – léase Brasil – la exportación de productos industriales.
    • Al estar protegido el mercado interno, y al no haber una inundación de productos extranjeros con los que no se podría competir, la industria local podría aumentar cuantiosamente la necesidad de mano de obra y así ayudar a mejorar los números del desempleo en la Argentina, con trabajo registrado y seguridad social.
    • No perder de vista que estas empresas industriales que exportan bienes manufacturados tienen una fuerte dependencia de la importación de insumos para la producción (bienes de capital), cuyo costo es en dólares, lo que encarece el precio final de la manufactura. Un marco de devaluación es un buen momento para que el capital local comience a sustituir esas importaciones fabricando localmente lo que hasta ahora se importa.
    • El Estado podría obtener mayores réditos de la exportación de materias primas y principalmente, productos agropecuarios –soja, maiz, trigo, etc.–, al producirse localmente con sus costos en pesos y venderse en el exterior en dólares.
    • Sería una gran oportunidad para el país. La Argentina pierde dólares principalmente por cinco razones: devolver créditos, comprar energía, importar bienes y servicios, turismo en el extranjero y giro de utilidades por regalías de empresas extranjeras.
    • De nacionalizar el control del comercio exterior (que se apropian del 80% de esa riqueza sólo 7 empresas), el Estado recuperaría una gran cantidad de dólares para invertir en su propio desarrollo. Particularmente el industrial, para poder dar crédito para el desarrollo local de lo que necesita sustituir de importaciones el país: desde autopartes hasta televisores, desde crédito para obras públicas hasta construcción de navíos de carga para el comercio exterior.

    Caso 2

    • Mantener la misma matriz extractiva actual, de altos niveles de concentración y extranjerización de la economía, con altísimos márgenes de ganancia para las empresas extranjeras que, pagan sueldos en pesos y venden sus productos en el exterior en dólares. Y no invierten un solo centavo en contratar más personal o invertir en más desarrollo y producción. Básicamente, que todo siga igual.

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    • Martin Mele

      muy buen artículo!!

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