Economía y trabajo: cómo influye la devaluación en la actividad IT y los salarios

    Si bien las metáforas cumplen a veces el rol pedagógico de hacer aprehensible algo tremendamente imbricado y complejo, la Argentina atraviesa mucho más que fenómenos meteorológicos. En buen romance, se trata de una crisis con dimensiones económicas y políticas, y consecuencias sociales. No obstante, una buena crisis -este escenario que tiene a mal traer a todos quienes viven de un ingreso fijo en pesos- también puede ser un momento ideal para que las empresas hagan lo que mejor saben: ganar plata.

    El ritmo vertiginoso en que se desarrollan los acontecimientos económicos en nuestro país -con su consecuente correlato en materia social y política- no dejan, a veces, lugar a una reflexión central para todos los ciudadanos de a pie, que vivimos de un salario y madrugamos para cumplir nuestras tareas diarias.

    Más allá de los complicados términos específicos de la economía -inflación, devaluación, recesión, default- y el marketing político –la tormenta, tempestades, pasaron cosas, los mercados, el mundo-, quedan preguntas claves por responder. ¿Cómo impacta todo esto en el trabajo en nuestra actividad? ¿Quién se beneficia con este escenario?.

    A lo largo de este artículo se abordarán distintos ejes que hacen a la actual situación del país y su impacto en nuestra calidad de vida, seguridad en el empleo, trabajo, salarios. También, la otra cara de la moneda: por qué las grandes empresas -las que exportan servicios, las multis- se ven enormemente beneficiadas.

    Pero vamos de a partes.

    Cuando los sueldos cada vez alcanzan para menos y en las calles se hace sentir el parate económico, también hay ganadores. Con la devaluación del 100% del valor del peso, las firmas exportadoras licuaron el “costo argentino” de los salarios registrados y maximizaron ganancias. En la actividad informática los salarios que representan el 70% de los costos fijos de las empresas acaban de reducirse a la mitad, mientras los sueldos perdieron un 53%.

    Ciencia ficción

    Hasta hace sólo dos meses, julio último, la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (CESSI) se entusiasmaba con el nuevo escenario económico que les llegaba sin preverlo ni en el más optimista de sus pronósticos futuristas. Proyecciones en que, como en las mejores historias de ciencia ficción, la tecnología lo resuelve todo. Pero no fue la tecnología, fue una economía que falla: entre enero y el séptimo mes del año, la divisa argentina se había devaluado más de 60%. Al cierre de esta edición, la devaluación acumula más de un 100%.

    “El 2017 ha sido un gran año de recuperación para la industria del software con un récord histórico en las exportaciones y una gran cantidad de nuevos empleos llegando a los 107.100 profesionales del software entre registrados y no registrados (sic), y ventas por U$S 2.237 millones en el mercado interno, de los U$S 3.837 de todo el mercado”. Son las palabras de Anibal Carmona, presidente de CESSI y CEO de Unitech, en un comunicado oficial de la entidad de abril.

    Para perderse entre números, se puede comparar con otras actividades. Por caso, en 2017 el complejo automotriz tuvo exportaciones por US$ 6.300 millones; el vitivinícola, US$ 950 millones, y el petroquímico generó US$ 2.900. Si bien falta mucho, la exportación de servicios IT en Argentina apunta a jugar entre los grandes a mediano plazo.

    Para las empresas que exportan servicios en dólares y pagan salarios en pesos -el 35% de las asociadas a CESSI-, los costos se licuaron muy por encima de los aumentos salariales. Argencon, otra cámara empresaria que aglutina a las multinacionales también es otra gran ganadora. No obstante, para las PyME y empresas que proveen servicios locales, es otro panorama.

    Según información de la propia CESSI, que se corresponden con otras estadísticas de la actividad, los sueldos del personal significan un 70% en promedio de los gastos fijos. Una devaluación de estas características, precipitada por la debilidad de la economía argentina ante el escenario externo -la llamada “tormenta”-, aumentó los márgenes de ganancias de forma automática.

    Hasta fines de aquel julio que parece en un pasado remoto, numerosos empresarios de la cámara, hacían gala de su optimismo. En un artículo publicado por el diario Clarín, Aníbal Carmona y otros afiliados al gremio empresarios, desplegaban los números de lo que viene siendo un gran año. Para las empresas.

    Según comunicó la propia cámara empresaria, con información del INDEC, en 2017 se alcanzaron los U$S 1.699 millones de dólares en exportaciones, un aumento promedio del empleo del 3,5% y un crecimiento en las ventas totales del 28,3% en pesos. Desde la CESSI destacaron el 2017 como un año record histórico.

    En un país donde nada crece y hay actividades con despidos masivos, parálisis y quiebras -textiles, marroquinería, metalúrgica-, y capacidad productiva ociosa -textil: 61%-, al rubro SSI no la está yendo mal.

    Con el viento en cola de un 2017 histórico, la misma cámara empresaria no podía disimular el entusiasmo de lo que vaticinaba como otro ejercicio record para 2018. Pero en abril o julio, cuando hicieran sus declaraciones sobre un futuro luminoso, proyectar lo que podía pasar agosto era, también, ciencia ficción.

    No obstante, el empresariado tecnológico anunciaba, en el mencionado artículo de Clarín, que en 2018 esperan poder crecer casi un 26% y aumentar las exportaciones en un 15%, lo que significaría generar 13.100 puestos de trabajo, de conseguir la mano de obra calificada necesaria para cubrir vacantes.

    Después de dos “corridas cambiarias” en mayo y agosto que dejaron la economía argentina tambaleando, el optimismo se trocó en cautela. Sendas turbulencias fueron verdaderos golpes financieros que le costaron al Estado -a todos nosotros- más de US$ 20.000 millones y una profundización de la devaluación del peso argentino, con la consecuente suba de precios de alimentos y tarifas.

    Semejante golpe obligó al gobierno a tomar medidas drásticas para frenar la sangría de las arcas públicas. Imponer retenciones a las exportaciones. Un mes más tarde, esta vez en el diario La Nación, el mismo Carmona calificó a las retenciones sobre las exportaciones de servicios informáticos como un “impuesto a la inteligencia” y disparó contra la medida, afirmando que se está “hipotecando el futuro”.

    Argencon, el gremio de las multis y empresas grandes que aglutina a Accenture, HPE, IBM, Neoris, Microsoft, Globant, Oracle, Grupo ASSA, Belatrix y grupos financieros como JP Morgan y American Express, si optó por poner el hombro a las retenciones. Con un escueto comunicado institucional, afirmaron que Argencon “suma el esfuerzo de nuestro sector al de toda la economía como aporte indispensable y excepcional para reencauzar el desarrollo del país sobre bases firmes y sustentables”.

    Si pusieren todos los actores sociales y económicos su esfuerzo y sacrificio por igual, probablemente la crisis se capearía de otra manera. No es el caso. Mientras se remarcan los boletos del transporte público mes a mes por la quita de subsidios, los montos de los servicios básicos se multiplican y los alimentos registran incrementos de precios muy superiores al 45% interanual, los empresarios que facturan en dólares ven su futuro hipotecado por pagar AR$ 3 ó 4 por cada US$ 1 exportado.

    En los hechos “el temporal” dejó a muchos de ellos -los más grandes, las multinacionales, los que exportan- como ganadores. Aún más ganadores.

    Hasta septiembre, el peso se devaluó un 100%. “Con esta brecha entre evolución del tipo de cambio, precios y salarios, los últimos van camino a sufrir una dura pérdida en términos de poder adquisitivo y a abaratarse sensiblemente como ‘costo’ en dólares para los empresarios.” sostiene en un artículo reciente el economista Esteban Mercatante, y grafica esto con un dato impactante: “Un año atrás, el salario promedio equivalía a USD 1.530; con el dólar actual estaría descendiendo a USD 800”.

    Anibal Carmona, Presidente de CESSI y CEO de Unitech

    Anibal Carmona, CEO de Unitech y presidente de CESSI. Un empresariado subsidiado, con leyes de promoción, exenciones impositivas, empleados capacitados y formados por el Estado en las universidades públicas y ganar competitividad a fuerza de devaluaciones. ¿Dónde está el nuevo empresariado argentino?

    Roberto Alexander de IBM, Sergio Kaufman de Accenture y Martín Migoya de Globant, todos miembros de Argencon. Celebran un año récord en exportaciones, mientras sus “costos laborales” se licúan en pesos. Los grandes ganadores.

    Para los asalariados, se trata de una pérdida neta del 53% de su poder adquisitivo, si se comparan los salarios mínimos de los países sudamericanos. El mínimo vital y móvil argentino se encuentra en octavo lugar con US$ 250, muy por debajo de Uruguay (452), Chile (443), Colombia (386), Paraguay (366), Bolivia (300), Ecuador y Perú.

    Todo esto tiene un correlato directo en la calidad de vida de los empleados y trabajadores del sector SSI. Cuando su productividad se multiplica a fuerza de devaluaciones, el precio de su hora de trabajo se vuelve cada vez más barata. Y en la tormenta, los salarios se ven cercenados ante el ajuste -en tarifas de transporte y servicios- y el aumento sostenido y generalizado de los precios, con particular incidencia de alimentos y bienes de consumo básicos. El parate económico también se lleva puestas PyMEs y emprendimientos, con su consecuente correlato en la pérdida de empleo.

    Pero así como hay grandes empresas que colocan sus servicios en el exterior, también están las chicas, que la están pasando mal. Los costos para quienes viven de ingresos fijos en pesos, decíamos más arriba, tanto asalariados, como pymes y emprendedores han subido de manera feroz en los últimos dos años, a la par de una importante contracción de la economía. Abundan las persianas bajas, los desocupados.

    Ante este panorama, ¿tienen derecho los empresarios exportadores a seguir quejándose del “costo argentino” de sueldos, convenciones colectivas y derechos laborales cuando los costos salariales se diluyeron más de un 50%? ¿o acaso conocen empresas que den aumentos del 100%? Más ciencia ficción.

    Sojware

    Como si de porotos se tratase, la categoría sojware que usan desde las grandes empresas, refiere a la exportación de servicios IT. Pero comparando con el principal commodity que vende al mundo la Argentina: soja forrajera.

    Un modelo de negocios de exportación de bajísimo valor agregado, escasa integración de distintos sectores productivos locales, altísima dependencia tecnológica exterior -semillas y pesticidas- y concentración de los beneficios en muy pocas manos. ¿Rociarán con glifosato los boxes y empleados informáticos para aumentar el rinde?

    El “poroto” de la actividad SSI es la línea de código. Aníbal Carmona, el presidente de la CESSI, grafica que la hora de programación de “sojware” cotiza a nivel global entre 18 y US$33. Y agrega, que en un desarrollo más elaborado para bancos, telcos, agro, comercio electrónico o entretenimiento, el valor hora (cuánto se cobra la hora de trabajo del “recurso”, es decir, la hora-hombre) sube a US$60.

    La diferencia entre el valor en que la empresa cotiza sus servicios -cuánto factura la empresa la hora de trabajo de su “recurso“- y lo que el empleado percibe por cada 60 minutos frente al teclado y su computadora.

    El Gráfico 1 así lo demuestra. Cuando una empresa cotiza por US$ 18, US$ 33 o US$ 60, el trabajador argentino hoy (con el dolar a $40) percibe según las categorías del Convenio de La Unión US$ 3/hora un empleado que se desempeña como mesa de ayuda (A8), US$ 4/hora un programador (B6), y US$ 4,12/hora un implementador ERP (A16). En enero (con el dolar a $18) eran US$ 6,6/hora un mesa de ayuda, US$ 8/hora un programador y US$ 9,16/hora un implementador ERP. El salario informático argentino se abarató en más del 100% menos, las ganancias de las grandes empresas exportadoras -que ya estaban muy por encima- se estiró un poco más. ¿Se entiende?

    Los convenios de trabajo, las negociaciones paritarias y demás mecanismos de negociación colectiva son los que ayudan a incrementar la participación del trabajo en el capital. La riqueza de las empresas y países, sólo se produce de una única manera: trabajando. Pero no todo es una cuestión de dinero.

    Gráfico 1. Se comparan las horas “sojware” que cotizan en dólares las empresas con lo que efectivamente perciben los trabajadores en pesos. Bloque 1, cuanto vale la hora sojware. Bloque 2, cuánto percibían por hora trabajada tres categorías de trabajadores IT argentinos según categorías A8, B8 y A16 con la cotización en AR$ 18. Bloque 3, mismo esquema, pero con el dólar actual a AR$ 40. El gráfico demuestra el plusvalor que obtienen las empresas por cada hora trabajada por los empleados. Ganancia que se mantiene fija, mientras, al depreciarse la moneda local, el salario -o la hora trabajada- pierde valor considerablemente.

    Downgrade

    Para dejar de exportar materia prima -el commodity del sojware-, y pasar a producir y vender productos y servicios de alto valor agregado hace falta mucho más.

    La reciente degradación de la cartera de Ciencia y Tecnología de la Nación de su rango de Ministerio al rago de Secretaría fue un duro revés para un proyecto de desarrollar el verdadero potencial que tiene la Argentina en materia de desarrollo tecnológico, software y servicios.

    En una época en que la palabra ajuste es trending topic, el propio gremio empresario, CESSI, se manifestó en contra de semejante degradación. En un comunicado en su página institucional, la cámara manifestó su “impotencia y dolor” ante semejante decisión política y destacó el rol de la ciencia y técnica como política de Estado “esencial para el desarrollo del país y de nuestra industria”.

    Una industria SSI más grande, compleja y diversa en sus productos y servicios no sólo agregaría valor a las exportaciones, sino generaría más empleos directos e indirectos.

    El apoyo del Estado es clave para generar ese salto cualitativo, no sólo a través de regulaciones y leyes de fomento, sino particularmente impulsando la investigación e innovación productiva a través de las Universidades Nacionales, centros de investigación como el CONICET, INVAP o Instituto Balseiro y políticas públicas serias y masivas de formación para el trabajo.

    La degradación del Ministerio a “secretaría” de una cartera refleja que es prioritario y que no lo es para un gobierno. En el momento en que se habla de la 4ta Revolución Industrial, la economía del conocimiento y se hace patente la falta de personal calificado para ocupar puestos de trabajo vacantes en la actividad informática -que se cuentan por miles año a año-, se rebaja la ciencia y técnica nacionales a un segundo plano. Degradado quedó también el Ministerio de Trabajo, relegado a secretaría después de más de setenta años, en un momento en que el desempleo supera ampliamente el 12% en el Área Metropolitana de Buenos Aires -10% promedio nacional-.

    En un momento recesivo de la economía y en franca crisis, una corriente de pensamiento económico puede optar por devaluar, también ajustar hasta que no quede nada. Pero así tampoco hay luz al final del túnel para cientos de miles de trabajadores que pierden sus empleos, de comercios que bajan las persianas y empresas que quiebran.

    Apostar por la ciencia y tecnología, discutir entre los actores los programas de capacitación de jóvenes (y los no tanto) para la inserción laboral, por políticas públicas que favorezcan e incentiven el empleo registrado y de calidad, y por un tejido productivo en el que participen y ganen todos, empresas, Estado y -particularmente- los protagonistas en la generación de riqueza, los trabajadores.

    CESSI, Cámara de Empresas de Software y Servicios de la Información, aglutina a empresas locales de servicios IT. Se pronunció en contra de la degradación a "secretaría" del exMinisterio de Ciencia y Tecnología de la Nación

    La cámara empresaria que aglutina a las firmas locales de servicios IT, se pronunció en contra de la degradación a “secretaría” del exMinisterio de Ciencia y Tecnología de la Nación. Que áreas como la salud, cultura, trabajo y ciencia y técnica hayan perdido su rango ministerial -algunas por primera vez en más de 70 años-, es un indicio de “qué es lo importante” para la política de gobierno.

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