El Gobierno, con más 2003 y menos 1973

Por Andrés Malamud, politólogo, Universidad de Lisboa.

Territorio, intensidad y gestión: ése es el cóctel con que la Presidenta renovó su gabinete.

Fuente: Clarín (2013/11/26)

Territorio para reconocer a los vencedores de la elección pasada, pero sobre todo para alinearlos hacia la próxima.

Intensidad para contener a las minorías militantes que sostienen el relato.

Gestión para resolver la inflación y la falta de financiamiento, dos problemas autoinfligidos que el resto de América latina, salvo Venezuela, no sufre.

La designación de Jorge Capitanich es una reacción ante las últimas elecciones, pero apunta a 2015. Los principales vencedores del 27 de octubre no fueron Cobos o Massa sino los gobernadores peronistas del interior, algo difícil de comprender para quien se informa por los medios capitalinos.

Desde 1984, cuando Neuquén sepultó la Ley Mucci, son los gobernadores los que marcan el ritmo político del país.

El flamante Jefe de Gabinete, el chaqueño Jorge Capitanich. Al asumir, se comprometió a hablar diariamiente con la prensa.
El flamante Jefe de Gabinete, el chaqueño Jorge Capitanich. Al asumir, se comprometió a hablar diariamiente con la prensa.

La victoria de Cafiero en Buenos Aires signó el futuro de Alfonsín, cuya sucesión fue disputada entre los gobernadores de Córdoba y La Rioja. A partir de entonces, todos los aspirantes creíbles a la presidencia han sido gobernadores o cónyuges. Con Cristina el escenario pareció cambiar: primero, los impuestos no coparticipables le permitieron nacionalizar la caja y disciplinar a los jefes provinciales; después, el financiamiento directo a los intendentes bonaerenses pulverizó el poder del mayor gobernador, el que medita en La Plata.

Pero la resiliencia de los gobernadores y el culatazo de los intendentes le puso punto final al experimento. Las provincias vuelven por sus fueros: Capitanich representa y al mismo tiempo compite con otros gobernadores, pero no considera a los intendentes como pares: someterlos está en su instinto y en su interés.

El regreso de los gobernadores al primer plano de la política nacional es un reconocimiento a su victoria reciente, pero también a su indispensabilidad para ganar en 2015.

Mientras el discurso oficial parece obsesionado con el pasado, su construcción de poder está orientada al futuro.

El objetivo es la próxima elección, no la anterior. Y el control del territorio es un requisito para la victoria.

La intensidad alude al fervor con que grupos minoritarios de alto perfil defienden la epopeya kirchnerista. Luis D’Elía, las Madres y los artistas nacionales y populares necesitan garantías de que los gobernadores no traicionarán el modelo. Como las Madres y los artistas se conforman con mimos y subsidios, los cargos de gobierno son disputados entre camporistas y ex marxistas. Esa pulseada hoy tiene vencedor y no son los militantes de la Cámpora. Axel Kicillof encarna la actualización del relato, y su designación contiene a los sectores combativos del Gobierno.

El tercer desafío, el de la gestión, impregna las otras dos dimensiones. Aunque el territorio remite al poder y la intensidad a la ideología, el perfil de los designados indica que también se consideraron las urgencias de la administración. El Gobierno no se está derrumbando electoralmente: ganó en la mitad de las provincias y mantiene la mayoría en el Congreso. Tampoco anda escaso de ideas; comparado con las alternativas, hasta parece el Comité Nobel.

Axel Kiciloff, economista de orientación keynesiana, ascendió de Secretario de Políticas Económicas a ser la máxima autoridad del Ministerio de Economía.
Axel Kiciloff, economista de orientación keynesiana, ascendió de Secretario de Políticas Económicas a ser la máxima autoridad del Ministerio de Economía.

Su problema radica en la economía.

Si se tratara sólo de premiar al territorio, el jefe de Gabinete sería Sergio Urribarri; si importara nada más que la intensidad, el ministro de Economía sería de la Cámpora. Pero el gobernador entrerriano carece de la solidez técnica de Capitanich, y nadie ha acusado a los funcionarios camporistas de ser competentes en la función pública. Por eso, la opción por Kicillof es más pragmática de lo que aparenta.

El cóctel tiene contraindicaciones, porque sus ingredientes no se mezclan con facilidad.

El regreso de los gobernadores puede desteñir el relato épico; además, sus demandas financieras generarán tensiones distributivas. La intensidad militante también entra en conflicto con las correcciones económicas que se vienen.

En condiciones externas favorables, como las que prevalecieron en la última década, el Gobierno iría por todo y maximizaría los tres ingredientes, nunca menos. Pero en la vida hay que elegir, y hoy la intensidad perdió la pole position.

Quizás en los próximos meses quede reducida a pura imagen, arrellanada en el sofá de Olivos y limitando su combatividad a las mordidas de Simón.

Más imágenes y menos relato, más gestión y menos intensidad, más gobernadores y menos intendentes.

En síntesis, más 2003 y menos 1973: un retorno a las fuentes que aspira a renovar un ciclo que no está agotado.

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