Epidata, Anacleto y el vale todo en la carrera por jugar en primera

Epidata es de las empresas IT argentinas que más creció en los últimos años. Miembro del directorio de CESSI la consultora se expande por debajo del radar y su CEO, Adrián Anacleto, busca levantar su perfil. Un perfil de Epidata.

Epidata es una empresa argentina de software y consultoría. Fundada a comienzos de los 2000s por Valerio Adrián Anacleto se ganó su lugar entre negocios y espacios de poder dentro de la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (CESSI).

La historia (oficial) de Anacleto y Epidata tiene casi todos los condimentos de las historias edulcoradas de los emprendedores millonarios y empresas exitosas, que repiten formatos desde Microsoft hasta MercadoLibre. Desde el origen humilde en la populosa ciudad de Gregorio Laferrere en el corazón del Área Metropolitana de Buenos Aires, una carrera universitaria cuesta arriba por las inclemencias económicas que azotan a las familias del conurbano profundo, su primer trabajo en IT, la fundación de su propia empresa, la tenacidad de abrirse paso a los codazos entre la competencia de un mercado dinámico y en constante expansión.

Aún en el relato de su propia historia oficial no está el garage como en el que Steve Jobs o Marcos Galperín tipearon sus primeros códigos, pero admite todavía no estar en la cima, a la que anhela llegar a como de lugar.

Fue entrada la década de 2010 que Anacleto logra colarse en el Consejo Directivo de CESSI, y en 2018 logra que la cámara le de el premio Sadosky que entrega cada año a sus propios miembros. Ay si don Manuel viviera …

Valerio Adrián Anacleto (Epidata), premios Sadosky 2018, CESSI

And the award goes to… En 2018 Anacleto fue galardonado con el Premio Sadosky al CEO del año Empresa Mediana. El premio que la CESSI se da a sí misma cada año y se cotiza entre sus afiliados aportantes. En la foto Valerio Adrián Anacleto (centro) y Aníbal Carmona, expresidente de CESSI (derecha).

En su carrera por la épica de jugar entre los grandes de la informática local o competir con las grandes multis que copan en nuestro mercado no repara en medios para alcanzar sus fines.

Darse dique en «publinotas» (entrevistas pagas) en medios del ámbito IT y diarios nacionales (como ésta auto-entrevista en Clarín), premios comprados (Sadosky, 2018), hasta prácticas desleales en materia de relaciones laborales y una voracidad comercial sin límites económicos ni éticos. Muchos ex-colaboradores dieron cuenta de ello en anécdotas desopilantes.

Empleados y excolaboradores consultados por la redacción de unioninformatica.org hecharon luz sobre la vida puertas adentro de Epidata. Comerciales, programadores y hasta exejecutivos sirvieron para delinear un perfil de la empresa y su CEO.

«Los demás compiten conmigo» le han escuchado una y otra vez otrora colaboradores estrechos, de la primera hora, hoy alejados del núcleo unicelular que conduce Epidata, Adrián Anacleto.

El back-end

Lejos del discurso premoldeado del exito y el mito del origen, existen nichos en donde las consultoras IT y empresas tecnológicas conviven con lo peor de las relaciones laborales precarias que abundan en la Argentina. Comentaremos uno de los casos de Epidata.

Muy a pesar del estereotipo juvenil del empleado informático, conviven con las tecnologías de punta y la multiplicidad de lenguajes de programación más dinámicos aquellos códigos que fueron pioneros y los informáticos que dieron el primer impulso a nuestra profesión en el país. Sea por el atraso tecnológico en que viven empresas y organismos públicos o por la versatilidad y robustez de éstas tecnologías, es que hay consultoras que aún demandan programadores de AS3 o Cobol, o que trabajen con mainframe. Quienes dominan éstas tecnologías son los veteranos o pioneros del IT local y hoy muchos gozan de sus jubilaciones y nietos. No obstante muchos monotributean en consultoras. Como en Epidata.

Recientemente despedido de una relación laboral encubierta bajo la figura de «locación de servicios», un informático con 40 años de carrera, ya jubilado, prestaba servicios para Epidata en la Administración Gubernamental de Ingresos Públicos (AGIP) de la Ciudad de Buenos Aires. M -de quien preservaremos su identidad- era parte de un equipo de ocho informáticos tercerizados como cuentapropistas, donde cuatro son especialistas en mainframe jubilados.

Irregulares por donde se los mire, los contratos de los monotributistas de mainframe se renuevan cada seis meses, sin aguinaldos, obra social o beneficio alguno de esos por izquierda que las empresas que suelen otorgar en gracia a sus empleados no reconocidos, como el pago de los costos fiscales del monotributo o IIBB. Pero aún, en la dependencia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires conviven empleados Epidata formalizados y los no-formalizados, y la diferencia se hace a cara de perro: para los primeros, hay prepaga Medicus, vacaciones pagas, mochilas de la empresa y desayunos los viernes; para los otros, no. La empresa evade, además, cargas patronales, aportes a la seguridad social y paga sueldos magros, con recomposiciones de 10 o 12% en cada renegociación de contratos, cuando el convenio firmado con AGIP contempla actualizaciones de costos según índices de inflación. Los monotributistas pierden en toda la línea.

Retirado, pero aún en condiciones de trabajar y aportar, y más aún, sumar ingresos a una jubilación que no es de privilegio, M ingresó en Epidata en 2017. Fue contratado como monotributista locador de servicios, según la legislación que rige las relaciones laborales (que no ahondaremos en éste artículo), es la única vía por la que un trabajador retirado puede volver a la actividad. Su puesto de trabajo estaba en la AGIP.

Con el correr de los meses empezó a entender cómo funcionaba el vínculo entre Epidata y AGIP. Lejos del esquema de licitaciones públicas que rige para la contratación de servicios externos para un organismo público, Anacleto cuenta con colaboradores que sirven para aceitar esos vínculos entre la consultora y los departamentos de compras de empresas y organismos del Estado. Un pivot de los muchos que maneja Anacleto, expertos en pasillos y despachos, para arrimar posiciones con clientes y cuentas y vender sus servicios.

Para M, durante su transcurso en AGIP los contactos con Epidata fueron nulos, en la diaria sólo recibían instrucciones del PM. Una vez al mes los monotributistas envían sus facturas por locación de servicios a una casilla de correo determinada a tal fin, y a través de la misma la gerente de cuenta y estrechísima colaboradora de Adrián Anacleto, Greymar Jiménez, envía la confirmación del pago. Eso es todo

M se puso en contacto con Unión Informática, se afilió y propuso como delegado normalizador en la empresa, para echar luz sobre los problemas laborales de todo el equipo de Epidata en AGIP. Pasaron horas de la notificación a la empresa y fue la misma Greymar Jiménez quien informó a M el fin de la relación laboral (encubierta). El intercambio, siempre mediado por canales electrónicos, fue breve y seco. Jiménez le informó por teléfono que en una reunión entre ejecutivos de Epidata y AGIP, se había decidido prescindir del servicio de muchos profesionales. Con prácticas laborales de las peores épocas, que se daban por sepultadas en la actividad IT, lo echaron sólo a él.

Las de Epidata son prácticas pre-sindicales, de esas que dejaron de ser frecuentes en la actividad informática hace muchos años, cuando la actividad gremial de Unión Informática se hizo un hecho insoslayable. Más allá de los intentos de muchas empresas de evitar el avance de Unión Informática en el rubro SSI, seguimos creciendo y sumando en toda la actividad. Desde La Unión seguimos de cerca los casos de consultas que llegan desde Epidata.

El exprimidor

Excolaboradores que participaron del círculo estrecho en la jerarquía de Epidata también tuvieron salidas tan ásperas como anticipadas.

En un juego de la silla perverso era frecuente que en esos círculos concéntricos en torno al CEO. Para empleadas que salían de licencia por maternidad, dejar un lugar vacante en algún box por algunas semanas, era sinónimo de perderlo. Al volver sería otro u otra quien ocupe su lugar o inclusive, el cargo, en la carrera por arrimarse al centro. Vale todo en una competencia descarnada entre empleados y colaboradores de alta jerarquía; una práctica alimentada en Epidata. Mandar empleados a vigilarse entre ellos, con quien se habla, con quien se almuerza, con quien se sale al after; receptores de radiopasillo y vigilantes ad-hoc para llevar y traer, las miserias humanas como recurso empresario de vigilancia y control.

Las denuncias de acoso, misoginia y abusos por parte de PMs y gerentes o los pedidos ahogados por frenar éstas prácticas reciben y recibieron siempre la respuesta terminal de «si no te gusta, ahí está la puerta». Y siga-siga.

Un ejemplo práctico de la presión al máximo a los empleados se dio entre las recruiters. No se trata de una presión para competir como organización con otras empresas, sino lo que padecían las reclutadoras de recursos humanos para cumplir con metas inasibles. En búsquedas de perfiles profesionales muy específicos, de esos que no abundan en el mercado laboral local y que se pagan con salarios elevados, la política que bajaba Epidata era cubrir vacantes con sueldos 30% inferiores a los que se pagaba en el mercado. La carrera era desesperada para cumplir con clientes grandes como Claro o Disney, y tenían que poner la cara ante candidatos para persuadirlos de un trabajo en el que les iban a pagar mucho menos que lo que conseguían en otra parte.

Peor aún, las recruiters debían crear sus perfiles de LinkedIn, abonarse a la versión Premium (paga) y exportar toda su agenda para Anacleto. Era una condición para ingresar. Es una práctica habitual del CEO de hacerse de los contactos y favores personales de los demás. Es así que cerraba negocios, por caso, en Israel, donde una empleada que viajaba frecuentemente a visitar familiares, debía volver con algo cocinado en el país de medio oriente. No obstante, era frecuente que muchos de éstos colaboradores que hacían de nexo entre Anacleto y otras empresas donde colocar servicios fueran finalmente puenteados de éstas transacciones y negocios, y finalmente eyectados de la compañía, de la misma forma abrupta que tantos otros, sin las debidas gracias por los servicios prestados.

Hay más detalles y hechos de éste tipo a los que accedió la redacción de este portal. No es objeto de la presente publicación personalizar, sino poner en conocimiento del público un costado no explorado de personajes y empresas como las que aquí narramos. Anécdotas varias que llegaron a éste portal pintan un perfil de la empresa y su CEO. Ex empleados, programadores, comerciales y de recursos humanos aportaron su testimonio para la redacción de éste artículo. Muchas de éstos son innenarrables y no las reproduciremos como decisión editorial de preservar el buen gusto de nuestros lectores.

Serán Epidata y su CEO y fundador Valerio Adrián Anacleto sin dudas protagonistas de próximas entregas.

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