Héroes en las sombras

Compartimos una columna de opinión anónima, de un informático que expresa el sacrificio y trabajo esencial que están realizando miles en ésta época crítica de pandemia. El reconocimiento que falta cuando se piensa en los «héroes» de esta etapa.

Veo, en esta época de pandemia que varios veían venir y nadie reaccionaba, que se reconoce y aplaude a quienes están en la «trinchera», «en la primera línea de fuego» en la batalla contra este virus del cual todavía no aparece una vacuna para contrarrestarlo.

Esos Héroes, porque lo son, se los reconoce en enfermeros, médicos, bomberos, personal de las fuerzas armadas, policías, gente de seguridad, trabajadores de la alimentación, farmacia, logística y un largo etcétera.

Pero veo que ninguno valora nuestra labor, la de quienes trabajamos en Sistemas, y hacemos que todo se mantenga unido a través de la Red, los sistemas de telecomunicaciones, de control de procesos automatizados, de servicio bancarios, de sistemas de gestión en medicina, logística, laboratorios, fuerzas de seguridad, alimentación y cuanta actividad les venga a la mente que sea necesaria para mantenernos en el siglo XXI a pesar de la pandemia.

Cuando Alan Turing encontró la manera de resolver los códigos de la máquina de mensajes en clave Enigma utilizada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, ayudó a acortar esa guerra atroz entre dos y cuatro años. Luego creó el Test de Turing que determina la base del criterio de Inteligencia Artificial. Diseñó los primeros computadores digitales programables. En fin, cambió la vida de todos sin que TODOS se dieran cuenta. Terminó sus días procesado por su condición de homosexual…

Cuando «Decidimos ir a la Luna, no porque sea fácil sino porque es difícil» parafraseando al malogrado presidente americano, nadie sabía cómo hacer para lograr la hazaña. Y crearon ingenios volantes con la potencia suficiente para salir de nuestra atmósfera. Pero llegar «tan lejos» requería algo más, autonomía en las acciones, dado que cualquier orden dada a la distancia (como se hacía con las naves espaciales de la época) demoraría en ejecutarse varios segundos, algo definitivamente peligroso en esa situación. Los ingenieros debieron resolver meter un computador, que en aquella época ocupaba el espacio de una habitación grande, en un cubo que no superara «un pié cubico», digamos un cubo de 30x30x30cm. 384Kb y la máxima tecnología de aquel momento lo habían convertido en el computador más sofisticado de la época. Gracias a la creación de estos ingenieros pudimos hacer el «gran salto», pero fueron Héroes en las sombras…

Centenares de programadores escribieron código para realizar todas las tareas necesarias para lograr el increíble objetivo, escribiendo y reescribiendo aquello de lo que no se tenía experiencia previa, imaginando cada proceso y cada acción, en un ordenador en el que cada bit contaba y cuyas velocidades de proceso hoy nos podrían parecer impensadas para procesar cualquier programa. Solo quienes nos apasionó esta epopeya conocimos algunos de sus nombres, pero nuevamente, fueron Héroes en las sombras.

Cuando Amstrong y Aldrin estaban descendiendo camino a la superficie lunar, en la primera nave tripulada que se posaría sobre ella, se presentaron dos alarmas en el procesamiento del computador del módulo. La intermitencia de la alarma indicaba un «1202», y en la sala de control en Houston (el mismo «Huston» que años después recibió el «we have a problema» que Lovell transmitiera desde recientemente dañado Apollo XIII), nadie tenía idea qué era esa alarma. Un ingeniero de sistemas de 24 años en una sala contigua se acordó de haber visto ese código en algunas de las practicas, y tenía su lista manuscrita en su escritorio de donde pudo confirmar de qué se trataba el error. Instantáneamente, reportó que debían seguir con la maniobra de descenso ignorando la alarma. Y una segunda alarma, la 1201, apareció e indicó que también debía ser ignorada. La Historia nos cuenta luego lo de «Un pequeño paso para un hombre, un gran paso para la Humanidad», pero quien estuvo en el momento preciso con la decisión justa fue un ingeniero en informática conocido por pocos, Steve Bales. Un Héroe en las sombras…

Muchos años después, finalizaba el siglo de las dos grandes guerras y en la que el Hombre (como especie, no importa el género) había pegado el primer salto fuera de su Hogar. Y se acercaba al año 2000, donde muchos pensaban que el mundo terminaba, que los sistemas iban a caerse en masa, que los trenes chocarían, los aviones caerían, los barcos se hundirían, que la ducha no saldría más agua, y que las luces de tu casa y la hornalla de tu cocina no volvería a encenderse nunca más. Las premoniciones más cataclísmicas respecto del cambio de siglo por un «defecto» de quienes habíamos informatizado a la Humanidad y todas sus actividades. Y ese 31/12/1999 a las 23:59:59 hs llegó, luego de mucho trabajo, arduas pruebas y repruebas, simulaciones, y demás tareas que debimos realizar, para que en el siguiente segundo…. nada sucediera, que todo siguiera funcionando como lo venía haciendo o mejor aún. Ningún cataclismo, ningún fin de la civilización, simplemente la vida tal como la conocíamos siguió con la misma letanía o vertiginosidad con la que la vivíamos hasta ese momento. Y todos los que logramos que así fuera hasta en algunos casos fuimos etiquetados hasta de ladrones u oportunistas, porque al final «no pasó nada». Fuimos Héroes en las sombras…

HOY, llevamos adelante nuestra profesión con igual sino mayor esfuerzo que antes de que una combinación funesta de ARN, el Virus, se haya esparcido por el planeta. Mantenemos vivos los sistemas que nos dan soporte en casi todas las acciones de la vida moderna, mantenemos a todos unidos aun en la distancia, hacemos realidad relacionarnos con nuestros afectos a pesar del aislamiento, permitimos obtener los elementos que precisamos para vivir a diario, logramos que la información siga disponible para todos, hacemos que los sistemas médicos puedan ayudar al paciente, que los laboratorios puedan operar para producir los medicamentos que nuestro imperfecto cuerpo requiere, ayudamos a manejar el dinero de las personas y las entidades electrónicamente, operamos las centrales que generan nuestra energía y las que la distribuyen… quienes vivimos de esta profesión, quienes nos comprometemos todos los días a mantener y desarrollar nuevos proyectos, a pesar de no recibir aplausos ni reconocimientos de la sociedad, no me cabe absolutamente ninguna duda que también somos Héroes en las Sombras.

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