En medio de una dura huelga de sus empleados que ya alcanza su tercera semana, no es extraño que al googlear a la firma española Indra, aparezcan numerosos artículos, particularmente de América Latina y Europa, en que titulan con términos para nada amistosos como corrupción, desmanejos, sospechas y denuncias. De esto se trata Indra, la empresa que tiene privatizado el corazón del sistema democrático argentino: el voto.


En medio de una durísima huelga de sus empleados salen a la luz no solo los millonarios negocios que Indra mantiene con el estado nacional sino también las irregularidades de la empresa española relacionadas al multimillonario contrato que controla el corazón mismo del sistema democrático: el voto.

En medio de una durísima huelga de sus empleados salen a la luz no solo los millonarios negocios que Indra mantiene con el estado nacional sino también las irregularidades de la empresa española relacionadas al multimillonario contrato que controla el corazón mismo del sistema democrático: el voto.

Desde el 10 de agosto de 2015 hasta el momento de redactar estas líneas transcurrieron ya quince días de huelga en la filial argentina del oligopolio español Indra. En estos quince días se han sucedido de todo tipo de bajezas a las que acostumbran estos grupos empresarios: aprietes a los empleados, amenazas, hostigamiento, patoteos, falsas denuncias. Todo amparado por una amistad no declarada entre las instituciones públicas, que, en vez de velar por el orden y el bien común, se disponen cual tropa de maniobra de la gerencia de una multinacional extranjera

De entre los numerosos y multimillonarios negocios que la empresa tiene en la Argentina, nos ocuparemos sólo de los vinculados con el sector público. Así como informábamos en un artículo anterior, Indra controla énclaves estratégicos de nuestra economía, y cotidianos para los argentinos, particularmente, del Área Metropolitana de Buenos Aires. Así es que por medio de contratos elucubrados entre funcionarios locales implicados y procesados por casos de corrupción y empleados de la firma en Madrid, es que se cerraron los negocios del proyecto que es hoy el sistema SUBE.

Pero los negocios de Indra llegan más allá de las telecomunicaciones, el transporte, la defensa o las soluciones IT, así en la Argentina como en muchos otros países, la empresa española controla el corazón mismo del sistema democrático: el voto.

La democracia privatizada

Desde el año 1997 que la empresa controla el proceso eleccionario en nuestro país. Ya en aquellos años, en que el modelo de la convertibilidad que hundió al país en una quiebra económico-financiera y social sin precedentes en su historia empezaba a hacer agua, fue cuando el gobierno remató lo poco que le quedaba por privatizar del Estado. Fue entonces que se consesionaron las elecciones a Indra.

Lejos de los partidos políticos que arman e imprimen sus boletas o el Correo Argentino, que las distribuye con las urnas, Indra participa en el grueso del proceso. Desde la confección de los padrones, hasta el escrutinio final de los votos, el procesamiento de información y la digitalización.

Ganancias millonarias contrastan salarios de miseria: tan solo en 2015, Indra alcanza una facturación promedio de $1200 millones de los cuales solo el 14% será destinado al pago de sueldos incluyendo las cargas sociales de sus 1400 empleados argentinos.

Ganancias millonarias contrastan salarios de miseria: tan solo en 2015, Indra alcanza una facturación promedio de $1200 millones de los cuales solo el 14% será destinado al pago de sueldos incluyendo las cargas sociales de sus 1400 empleados argentinos.

Elección tras elección el Ministerio del Interior renueva – a veces por contratación directa – el Convenio de Prestación de Servicio de Procesamiento de Archivos Maestros e Impresión de Padrones Provisionales y Padrones Definitivos. Así reza la decisión administrativa nro. 295/2015 del mes de junio, comunicada a través del boletín oficial. El importe por los servicios prestados a la democracia ronda los $500 millones de pesos.

Según la versión online del periódico Cronista Comercial, en su edición del 8 de junio de 2015, se puede leer lo siguiente:

La Decisión Administrativa 294 del Ministerio del Interior y Transporte aprueba la Licitación Públicapara contratar “el servicio de diseño, planificación, desarrollo y operación del servicio de carga, procesamiento y difusión para el Recuento Provisional de Resultados a nivel nacional y distrital —en el caso de simultaneidad de elecciones—“para las PASO, las elecciones de octubre “y la eventual segunda vuelta”. Esa licitación se le adjudicó a INDRA Sistemas por $ 330 millones.
(…)
El convenio, que establece cómo deberán entregarse los archivos a Casa de Moneda y fija una serie de acuerdos de confidencialidad, prevé la impresión de hasta 100 millones de páginas en blanco y negro a $ 0,98 cada una y de hasta 19 millones de páginas a cuatro colores por $ 2,96 cada una, lo que da un total de casi $ 150 millones.

De esta forma, la corporación ha controlado (y aún sigue) controlando los procesos electorales en más de 20 países, entre Europa (España, Italia, Portugal, el Reino Unido), África (Angola) o América Latina (Argentina, Venezuela, Chile). Son más de 3 mil millones los votos que pasan por las manos de Indra en todo el mundo. A medida que se encuentran artículos sobre el desempeño de Indra en las elecciones, aparece siempre la misma palabra: irregularidad.

Hubo irregularidades desde Angola hasta Nicaragua y Costa Rica, pasando por la propia casa matriz, España, y finalmente la expulsión de Venezuela, envuelta en un escándalo. Los casos de corrupción en Argentina también – como se mencionó más arriba – llegan a los negocios con la tarjeta SUBE y la radarización e implantación de los sistemas de comunicaciones de los cinco principales aeropuertos del país.

Sumadas a las denuncias que acumula el sistema de control de las elecciones de Indra, se suma la incertidumbre en que se encuentran mil quinientos puestos de trabajo en la empresa. Son mil quinientos los empleados de la firma que, habiendo sido incorporados antes de agosto (las PASO fueron el día 9), serían despedidos después de octubre (el 25 son las elecciones generales). Estos informáticos en condiciones de precariedad son los que están avocados a la tarea del conteo de los votos, en las instalaciones del Correo Central.

Explotación y precariedad: cada empleado de Indra Argentina produce en promedio casi 11 veces más de lo que recibe en términos salariales. ¿Quién se queda con la gigantesca diferencia?

Explotación y precariedad: Indra Argentina factura por empleado el 1014% por encima de lo paga en términos salariales “per-cápita”. ¿Quién se queda con la gigantesca diferencia?

Casi parece una foto irónica de la Argentina actual, que a más de 30 años de haber recuperado la democracia y las elecciones, el voto, la principal herramienta con la que cuenta un ciudadano para apreciar su condición de tal en una República, esté privatizado.

La medida continúa

Negocios multimillonarios conviven con salarios de miseria. Y la Unión Informática mantiene firme la huelga en Indra.

Iniciada la tercera semana del conflicto, la gerencia de recursos humanos, a cargo de Natalia Matteis, envió un comunicado anunciando un supuesto demorado aumento salarial. Jamás se especificó en dicho correo el porcentaje ni cuando se iría a implementar. Cualquier aumento, incluso un 30% sobre los patéticos salarios que paga la empresa, hace que los ingresos de los empleados informáticos de la firma, apenas supere el salario mínimo vital y móvil. Lejos del conformismo, lo que busca tanto la Unión Informática como sus afiliados en Indra es cerrar el conflicto con la firma del Convenio de Trabajo del Sindicato.

En tanto la empresa no acceda a dialogar con las autoridades sindicales y los representantes, y persistan en su actitud soberbia e intransigente, los empleados no retomaran las actividades de manera normal. Lejos de apostar a la discusión entre sordos, la Unión Informática insta a las autoridades de Indra a sentarse a dialogar para encontrar, de una vez y de forma definitiva, una salida razonable y civilizada al conflicto.


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