Junto con el aguinaldo, jubilaciones y convenios de trabajo, y tras el esfuerzo de cada año trabajado, las vacaciones son un merecido e irrenunciable derecho. No obstante, no siempre estuvieron ahí. Las vacaciones pagas son sólo un derecho adquirido en una extensísima lista de conquistas que han alcanzado las generaciones anteriores de sindicalistas y trabajadores organizados.


Los derechos que hoy gozamos todos, no surgieron de la nada. Así como el aguinaldo, la jornada de 8 horas de trabajo, la libertad de afiliación sindical y tantos otros derechos adquiridos, las vacaciones fueron también una conquista de la organización en sindicatos de los trabajadores

Los derechos que hoy gozamos todos, no surgieron de la nada. Así como el aguinaldo, la jornada de 8 horas de trabajo, la libertad de afiliación sindical y tantos otros derechos adquiridos, las vacaciones fueron también una conquista de la organización en sindicatos de los trabajadores.

Así como el aguinaldo, la jornada de 8 horas de trabajo, la libertad de afiliación sindical y tantos otros derechos adquiridos, las vacaciones fueron también una conquista del sindicalismo.

Al igual que en cualquier otra parte del mundo, las desigualdades e injusticias entre los patrones y trabajadores tienden a equilibrarse por medio de la solidaridad, organización y los distintos medios que se suelen valer estos últimos para alcanzar sus objetivos gremiales. Los derechos y reivindicaciones no se conquistan de otra manera.

Las vacaciones pagas “llegan” a la Argentina en 1945. Tras años de reclamos de numerosos sectores sindicales, el entonces Secretario de Trabajo y Previsión, Juan Perón, recoge el guante de los sectores más postergados y da luz verde al Decreto 1740, firmado por la presidencia de la Nación. Desde una Secretaría olvidada hasta el gobierno de 1943, recibe y da lugar a los reclamos de los sindicatos y organizaciones de trabajadores. Desde ese mismo despacho, es que se plasman en decretos y leyes reclamos que hasta ese entonces hubiesen sido inimaginables para los trabajadores: el Estatuto de peón de campo, mejoras salariales, aguinaldos, seguridad social, jubilaciones, libertad de sindicalización y reconocimiento a las asociaciones sindicales, límites a las jornadas laborales, indemnizaciones por despidos, feriados no laborales e incluso remunerados. Y claro, las vacaciones pagas.

La actividad sindical en nuestro país cuenta ya con más de un siglo de vida. En sus diversas formas de organización, ideologías, métodos, prácticas y tradiciones, ha hecho de la Argentina un país único en América Latina y el mundo con su modelo sindical argentino.

Cada logro que alcanza la Unión Informática – o cualquier otro sindicato –, como ser desde mejoras salariales y mejores condiciones de trabajo, hasta la reincorporación de despedidos y la firma y aplicación del Convenio de Trabajo ha sido conseguido no por el favor de funcionarios mediadores, sino por la conciencia y organización de los propios trabajadores. La fuerza organizada sindicalmente – en plano de defensa de los derechos – es la que, al crecer y desarrollarse, logra transformar sus reclamos en hechos concretos, y muchas veces, cristalizar esos derechos en leyes y decretos. Y a los derechos conquistados no se renuncia.

Hoy día las vacaciones están reguladas según el artículo 150 de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) 20.744, fundado en aquel decreto de 1945. El mismo establece la cantidad de días que hoy corresponde a cada trabajador – en relación de dependencia – tras haber trabajado por determinado período de tiempo. A mayor antigüedad en el puesto de trabajo, los días de vacaciones aumentan de forma proporcional.

Actualmente, la duración de las vacaciones vuelve a estar en la agenda de discusión en el ámbito de la regulación laboral. La Unión Informática ha sido una de las pioneras en reclamar el aumento del período vacacional mínimo y elevarlo a 21 días, tal como sucede en muchos otros países. Es en este sentido que se implementó, por medio del Convenio Colectivo de Trabajo, la semana UI como una semana extra de descanso para los informáticos, acorde a los pormenores específicos de la industria IT.

De las fuentes de Plaza de Mayo a la playa de Mar del Plata.

Las vacaciones son un derecho adquirido, y como tal, es irrenunciable. Las vacaciones son el descanso merecido después de un año entero de haber trabajado. El mencionado decreto 1740 fue sancionado el 23 de diciembre de 1945.

La igualdad de posibilidades que dio el trabajo seguro y registrado, la industrialización, los salarios dignos, la igualdad de oportunidades y la batería de derechos sociales a partir del gobierno del ya Presidente Juan Perón en 1946, cambiaría para siempre las costumbres del pueblo argentino. Empleados de todas las ramas de actividades conocían por primera vez en sus vidas las salas de teatro, el ring del Luna Park, las bibliotecas. Ocupaban plazas y parques y las butacas del cine, codo con codo con quienes con las clases más privilegiadas, que hasta la llegada de la Argentina de la Justicia Social, habían ostentado el monopolio también del esparcimiento.

Hasta entonces Mar del Plata tenía una vida veraniega tranquila. La “Perla del Atlántico” estaba sólo reservada a las élites. Así como el “aluvión zoológico” que ocupó el centro porteño en el 17 de octubre de 1945. El mismo aluvión zoológico tomó como suya la ciudad costera. En la misma playa veranearon entonces el empresario y el tornero metalúrgico, el comerciante y el empleado de comercio, el doctor y el peón de campo. Compartía la sociedad argentina, no ya con excluídos, los restaurantes y hoteles – la Unidad Turística de Chapadmalal, el hotel de Luz y Fuerza de San Bernardo –. Y los sindicatos construían hoteles para sus afiliados, y el Estado aseguraba las colonias de vacaciones para los más chicos en los clubes de barrio. Aquellos que sean de Lomas de Zamora recuerden, probablemente, las piletas de agua salada, hoy convertida en una popular feria. Y esas costumbres tan profundamente arraigadas en la cultura popular argentina, en todos nosotros. Gracias a esta “costumbre” – más bien, “derecho adquirido –, la Argentina también tiene una pujante industria del turismo.

La organización es el único camino.

Ninguna reivindicación ni derecho se alcanza sin solidaridad y organización. Las vacaciones, aguinaldo, libre sindicalización, convenios de trabajo, jubilaciones, asignaciones familiares, obras sociales, pensiones, licencias y derechos sociales y laborales de todo tipo no fueron producto de la buena voluntad de funcionarios, gobernantes, ejecutivos ni empresarios. Fue todo producto de variables comunes que hoy día siguen vigentes en quienes siguen apostando por condiciones de vida más justas: solidaridad, voluntad, organización.

Es menester recordar que estos derechos hoy adquiridos fueron conquistados no sin “sangre, sudor y lágrimas”. La actividad sindical en más de cien años de vida en nuestro país, ha pasado por etapas de proscripción, persecusiones, represión e inclusive muertos y desaparecidos. Que estas reivindicaciones se mantengan vigentes y se logre avanzar sobre las que faltan, dependerá pura y exclusivamente de las actuales generaciones, su voluntad, convicción y capacidad de organización.


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