Rebelión en las tech: sindicatos y organizaciones en las grandes tecnológicas - Unión Informática

    En las grandes empresas tecnológicas en todo el mundo empiezan a proliferar los movimientos sociales y organizaciones sindicales de trabajadores. Desde los reclamos gremiales a la discusión por la ética profesional, incluyendo la visibilización de problemáticas como abusos de poder, acoso sexual y diferencias de oportunidades para hombres y mujeres. Protestas, huelgas y las nuevas formas del descontento organizado.

    En Europa, Asia y los Estados Unidos emergen los movimientos de empleados, técnicos y profesionales de las grandes empresas tecnológicas.

    Los sindicatos informáticos en España como CCOO y UGT consiguieron una ampliación de sus derechos laborales a través de un nuevo convenio colectivo de trabajo.

    Organizaciones sociales de nuevo tipo como Silicon Valley Rising -en el núcleo del desarrollo tecnológico de punta- se dispone a organizar vecinos de las ciudades y empleados de las empresas tecnológicas con reclamos ciudadanos conjuntos.

    En cities europeas como Dublin, o en el tigre asiático de Singapur, empleados de Google abandonaron sus puestos de trabajo por algunas horas, en reclamo ante prácticas discriminatorias de la empresa: el Google Walkout movilizó dos decenas de miles de empleados.

    Trabajadores de Microsoft plantearon a la empresa en su casa matriz disidencias respecto a proyectos para la industria militar estadounidense, planteando la dimensión ética del desarrollo tecnológico.

    En Londres y Buenos Aires, trabajadores de plataformas como Deliveroo o Rappi hacen sus primeras experiencia de organización como trabajadores de plataformas.

    A continuación, un breve repaso de un movmiento multifome y deslocalizado, plural e indignado que, con sus matices, comienza a crecer en todo el mundo.

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    Paran 20 mil empleados de Google en todo el mundo

    Empleados de Google en todo el mundo convocaron a salir de las oficinas el 1 de noviembre a las 11.10 am, en una protesta organizada.

    Las protestas tuvieron su detonador el miércoles 31 de octubre, cuando Google confirmó que despidió a Andy Rubin, un alto ejecutivo y “el padre de Android”, por acoso sexual. Rubin, no obstante, y pese a la gravedad de las acusaciones, habría recibido una indemnización de 90 millones de dólares. Entonces, la prensa estadounidense afirmaba que en los últimos años, Google había encubierto una importante cantidad de casos de acoso sexual.

    No obstante el caso Rubin, las denuncias de casos de acoso sexual y discriminación racial o étnica se habían multiplicado en los últimos años. En un artículo publicado en el portal de tendencias The Cut, un grupo de empleados de Google y editores de medios especializados describieron las prácticas, razones y pormenores que empujaron a los informáticos de la empresa a las protestas.

    Cerca de veinte mil empleados de Google dejaron sus puestos de trabajo en señal de protesta por una larga lista de reclamos postergados de años. Exigen el fin de los acosos, discriminación, racismo y el encubrimiento de estas prácticas por las gerencias; mejores cuidados y garantías en cuestiones de seguridad y salud; terminar con las diferencias en oportunidades y salarios entre empleados y subcontratados –“contract workers”-.

    La protesta se hizo sentir en ciudades tan distantes como San Francisco, Zurich, Dublin, Singapur, Madrid, Munich o Paris. En las pancartas se leían proclamas como “se terminó para las tech”, “Google no seas malo”, “not ‘OK Google'”, “es suficiente”, “basta de discriminación sexista en Google”, “escuchen la voz de las mujeres”, entre otros.

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    Las mujeres lideraron las protestas en todos los centros de Google. Cerca de 20 mil empleados abandonaron sus puestos de trabajo el pasado 1ro de noviembre a protestar a las calles. El “walkout” consistió en abandonar las oficinas en distintos puntos del mundo para hacer visibles los casos de acosos sexuales, discriminación, violencia sexista y disparidades salariales entre empleados de planta y tercerizados. El disparador: una indemnización de US$ 90 millones a un directivo acusado de acosar mujeres en la empresa.

    Amazon, protestas, huelgas y un troll-center

    El Amazon Prime Day de julio 2018 en Europa se convirtió en el día justo para una huelga extendida. Jeff Bezos, dueño y fundador de Amazon es desde 2018 el hombre vivo más rico del mundo y el más acaudalado de la edad moderna.

    Quejas y denuncias sobre las condiciones de trabajo en los hangares de la mega-empresa se cumulan en portales informativos y redes sociales como cajas y productos en sus galpones.

    Según relevó un informe de Bussiness Insider, un portal que no se lo puede caracterizar de ser de izquierda, los testimonios de los empleados son de terror. En EEUU trabajadores de Amazon se ven forzados a orinar en latas para no perder el exigente ritmo de trabajo en las líneas de empaquetado de productos, falta de horas de descanso y salarios por debajo de los mínimos.

    En España, los empleados de Amazon se organizaron en la rama Servicios de la central sindical Comisiones Obreras (CCOO). En la ciudad de San Fernando de Henares, se erige una estructura de 75.000 m2, uno de los centros de logística más grande de toda Europa, donde 2000 empleados trabajan para Amazon. Arrastrando años de salarios bajos y condiciones de trabajo y explotación del siglo XIX, un conflicto aún inconcluso estalló en marzo de 2018 cuando la empresa quiso, de forma unilateral, cambiar un convenio de trabajo para empresas tecnológicas vigente, por uno para empresas de logística. Con la consecuente pérdida en los salarios, prestaciones de salud, pensiones, bienestar y beneficios.

    En marzo los empleados de Amazon España votaron una huelga de dos días. Fue el primer paso. A lo largo del año, siguieron las medidas de fuerza, paros, huelgas y protestas, particularmente en los días claves de ventas para la empresa. Black Fridays, Amazon Pirme Days y otras fechas claves para el consumo masivo -día de la madre, por caso- fueron objeto de las mayores demostraciones de fuerza. Y si bien la empresa tuvo que acudir a una instancia de negociación con los sindicatos no parece haber una vía de solución en el corto plazo. La inflexibilidad de uno de los peores empleadores del mundo a la hora de contemplar mínimas condiciones humanas de trabajo sólo augura que el conflicto se agudice. Así lo han anticipado desde CCOO, en noviembre, durante el Black Friday, vuelven las protestas.

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    Trabajadores de Amazon en las afueras de Madrid en una medida gremial. Las protestas en las instalaciones de la empresa empezaron en marzo, cuando la firma de Jeff Bezos quiso imponer un convenio de trabajo ajeno a la actividad.

    El modelo globalizado y descentralizado de estas empresas tecnológicas -desde IBM hasta Amazon- permitió a la empresa en momentos de huelgas y protestas, trasladar pedidos y paquetes a plantas en otros países europeos, como Francia. Esto sólo empeoró las cosas. En julio, organizaciones gremiales de Polonia, Italia y el sindicato Ver.Di de Alemania -el más grande de ese país- tomaron medidas solidarias para con los españoles.

    Un conflicto de escala internacional azota a Amazon, y la empresa tuvo que reaccionar para contrarrestar lo que es ya inocultable en medios de comunicación de Europa y EEUU. La empresa lanzó su propio troll-center. A la uzanza de estas latitudes, en que un ejército de cuentas falsas de twitter hostigan periodistas y dirigentes disidentes, o se esfuerzan por instalar un hashtag como trendign topic, Amazon tiene sus ambassadors -“embajadores”-. Estos militantes de los warehouses de la empresa de Jeff Bezos -de donde provienen las peores denuncias por pésimas condiciones laborales y peores salarios- se dedican a discutir en las redes cualquier opinión que manche la reputación de la empresa. No obstante la intensa “batalla cultural” de la fuerza de twiteros, no puede taparse el sol con un dedo.

    Las altas esferas de la política en EEUU han tomado nota de la situación. Este año, el Senador Bernie Sanders presentó aante el Congreso de los EEUU un proyecto de ley llamado STOP BEZOS: abreviatura de “Ley para frenar el empleo precario reduciendo a cero los subsidios” (en inglés “Stop Bad Employers by Zeroing Out Subsidies” Act).

    El Senador independiente pretende gravar con impuestos a empresas con más de 500 empleados que, al pagar salarios insuficientes, estos deban recurrir a programas de asistencia estatal como los food stamps -tickets para cambiar por comida en los mercados-. Al pagar asignaciones y subsidios desde el Estado a trabajadores con salarios de miseria en grandes multinacionales, lo que se está haciendo con dinero de las arcas públicas es subsidiar la mano de obra de estos grandes capitales con ganancias multimillonarias. Injusto por donde se lo mire, “los contribuyentes no deberían estar subsidiando al hombre más rico del mundo” dijo el Senador Sanders al presentar el proyecto en septiembre 2018.

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    Ver.di, el sindicato más grande de Alemania, realizó una protesta en solidaridad con los españoles. Amazon figura entre los peores empleadores de EEUU y Europa, las quejas de los empleados se multiplican en todo el mundo. En 2019 tiene proyectado su desembarco en sudamérica.

    Empleados de Microsoft rechazan trabajar para proyectos militares

    “Nos sumamos a Microsoft para crear un impacto positivo en la sociedad, con las expectativas que las tecnologías que creamos no causen daño o sufrimiento humano.” Así comienza la carta que ingenieros y profesionales de Microsoft en San Francisco (EEUU) publicaron contra la empresa.

    Miembros del staff en la principal sede de la empresa reaccionaron contra la publicación de una novedad corporativa. La empresa de Bill Gates partipará como oferente ante el Departamento de Defenesa (DoD, Department of Defense). Se trata del proyecto Joint Enterprise Defense Infrastructure (JEDI), un contrato de US$ 10 mi millones por la contrucción de infraestructura informática de cloud para el aparato industrial y militar del Pentágono. Según los empleados, es tal el nivel de secreto y ocultamiento en el proyecto que tampoco terminarían sabiendo a ciencia cierta qué es lo que están desarrollando. Por otra parte, el militar a cargo del proyecto, John H. Gibson II, afirmó públicamente que el proyecto JEDI “se trata en el fondo de aumentar la letalidad (sic) de nuestro departamento [de defensa]”.

    Conscientes que, en caso de lograr que Microsoft no se presente en la licitación, lo hará otra (u otras) empresas, los ingenieros llaman a los trabajadores de las demás compañías en condiciones de desarrollar tales productos y servicios a rebelarse. “Como aquellos que pasaron a la acción en Google, Salesforce y Amazon, les pedimos a los empleados de las empresas tecnológicas, que exijan saber como y para qué se utiliza su trabajo, donde será aplicado y actúen según sus principios”.

    Los trabajadores de estas empresas empiezan a cuestionar los usos finales de las tecnologías de punta que ellos mismos conciben, planifican, desarrollan y producen. Hay una discusión por la ética profesional en el fondo de todo esto: ¿quién, dónde y para qué se usa la inteligencia artificial, servicios e infraestructura cloud, robótica, etc?

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    “Como aquellos que pasaron a la acción en Google, Salesforce y Amazon, les pedimos a los empleados de las empresas tecnológicas, que exijan saber como y para qué se utiliza su trabajo, donde será aplicado y actúen según sus principios”. Ingenieros de Microsoft llamaron a trabajadores de empresas tecnológicas a rebelarse contra lo que creen injusto: el uso de su trabajo con fines inmorales.

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