Opinión por: Ricardo Cárpena. Fuente: Clarín (30/12/2013)

Hugo Moyano, Secretario General de la CGT
Hugo Moyano, Secretario General de la CGT

Cuánto falta para que la mayoría de los sindicalistas se ponga de acuerdo en hacer un paro nacional contra el Gobierno? El mes que muchos dirigentes tienen en mente es marzo, pero algunos ya empezaron a advertir: “Los plazos se están acelerando”. Ya hay aprestos de combate en todos los rincones del gremialismo opositor: Hugo Moyano y Pablo Micheli volvieron a unirse para reclamar un aumento para los jubilados, Luis Barrionuevo reunirá a su CGT Azul y Blanca para fijar un piso del 35% en las negociaciones salariales de 2014, y algunos de estos sectores se movilizarán esta tarde hacia el Obelisco para participar de un cacerolazo en protesta por los cortes de luz.

Hasta la moderadísima CGT Balcarce, que encabeza un fiel abanderado del kirchnerismo como Antonio Caló, difundió un inusual comunicado en el que considera que “el país atraviesa un momento crítico”, pide “paritarias libres” y exige un aumento del salario mínimo. Y luego de una durísima solicitada del gremio de Sanidad, que milita en el massismo, se sumó la semana pasada un sugestivo pronunciamiento con reclamos al Gobierno de la Confederación de Asociaciones Sindicales de Industrias Alimenticias, integrada por gremios K como molineros y lecheros, entre otros.

Para colmo, la central obrera oficialista entró en una crisis terminal luego de que Gerardo Martínez, líder de la Uocra, dejó desacomodado a Caló: “Con nosotros, pide dureza y mantiene una actitud radicalizada y después se muestra más débil en sus definiciones. Esas contradicciones nos complican”, se quejó en Ambito Financiero. ¿Algunos estarán buscando forzar la renuncia del jefe metalúrgico a la CGT Balcarce? Caló no ejerce un fuerte liderazgo entre sus pares y ni siquiera es tenido en cuenta por el propio Gobierno: “Nunca contesta ninguno de los llamados que le hacemos –confió un encumbrado funcionario a Clarín-. ¿Por qué? Porque tiene terror de tomar decisiones”.

Cristina Kirchner ha logrado, sin quererlo, tener a casi todos los gremios en contra de las políticas oficiales. El sueño de la unidad sindical, pero de un signo contrario al que necesitaría la Casa Rosada. No es para menos: las señales que reciben los sindicalistas K por parte del poder político están vinculadas con limitar las paritarias y apostar, como única estrategia antiinflacionaria, a un acuerdo de precios en el que nadie confía.

A lgunos temen que el Gobierno apele a otros métodos para convencer a los díscolos gremialistas de que deben aceptar las pautas oficiales: la amenaza de no firmar el proyecto de decreto para salvar al viejo modelo sindical, que fue consensuado con una parte de la CGT oficialista. Es, además de la asistencia financiera a las obras sociales, lo único que desvela a la dirigencia más enquistada en sus gastados sillones.

“Ese puede ser el caramelo con el que intentarán convencer a algunos dirigentes gremiales. No les va a servir. Defender el modelo sindical es defender los intereses de los trabajadores, pero algunos levantan esa bandera porque quieren defenderse a sí mismos”, advirtió Moyano a Clarín. Aun así, el líder camionero no descartó apoyar aquel decreto “si reúne las condiciones para garantizar la democracia sindical”.

Moyano aún no le dio luz verde a su hijo Facundo para que presente su proyecto sobre democratización sindical, que apunta a garantizar mayor transparencia en las elecciones en los gremios como una forma de responder al último fallo laboral de la Corte. El diputado y dirigente de los peajes quiere lanzar su iniciativa en marzo, quizá para evitar que el Gobierno instale antes el tema mediante el decreto pactado con la CGT Balcarce.

La CTA opositora, la única que propone una reforma sindical a fondo a través de la eliminación de la personería, entre otros puntos, sabe que le costará convertirla en ley, pero ya está planificando una gran marcha, en marzo, para presentar en sociedad la propuesta que el diputado Víctor De Gennaro está debatiendo en todas partes.

Hoy, de todas formas, la preocupación sindical es cómo llegar a marzo con una inflación desbordante, sueldos derrumbados y fuentes de trabajo en peligro. Con la idea de ponerse al frente de la protesta social, Moyano buscará consensuar una estrategia con representantes políticos y gremiales en la costa atlántica (¿se viene el encuentro con Sergio Massa?) En eso estarían trabajando operadores del camionero y del líder del Frente Renovador). Barrionuevo hará algo similar en Mar del Plata, donde recibirá el 20 de enero a los dirigentes de su sector para consensuar un 35% de reclamo salarial y quiere acordar allí lo mismo con Moyano y otros dirigentes de la CGT Azopardo.

Las luces de alarma ya se prendieron en la Unión Industrial Argentina (UIA): su titular, Héctor Méndez, consideró “necesario” un tope salarial del 18% y uno de sus vicepresidentes, Daniel Funes de Rioja, advirtió que avalar reajustes de sueldos como los que lograron las fuerzas policiales en el interior “sería pretender armar un Rodrigazo”. Es más: según un estudio de la entidad fabril, que fue analizado por su conducción la semana pasada y que se tomará en cuenta para la durísima paritaria que se viene, los salarios básicos industriales de convenio aumentaron un 1.244% desde 2002 hasta hoy, mientras que, para el INDEC, en el sector privado crecieron un 908% y en el sector público, un 490%, con una inflación que en ese período rondó el 700-800%.

Quizá por eso algunos empezaron a tejer sigilosamente una red de protección: se estaría gestando un encuentro reservado entre Méndez y Moyano para sondear los ánimos de cada sector y evitar que la pelea salarial pueda poner en riesgo la gobernabilidad.

¿Cómo contendrá el Gobierno las presiones sindicales y empresariales? Desde ambas partes coinciden en que todo lo que están haciendo los funcionarios para contener la inflación es tardío y limitado. El verano se perfila caliente, no sólo por lo que prevé el Servicio Meteorológico Nacional, y en marzo todo indica que no habrá termómetro que alcance para medir la altísima temperatura que tendrá todo el sindicalismo.

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  • Gustavo

    ¿Qué les parece si se hace un paro general en IBM hasta que no haya un convenio colectivo de trabajo y un piso salarial, en vez de hacerle un paro al gobierno?

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