Tormenta cambiaria: ganadores y perdedores de la devaluación del peso

La flexibilización del cepo eclipsó la brusca depreciación de la moneda; las provincias, las empresas endeudadas en dólares y los asalariados, entre los más perjudicados

Fuente: La Nación (26/01/2014)

Más allá del revuelo que causó entre los particulares que quieren comprar dólares la estampida de la moneda estadounidense en el mercado paralelo y la posterior liberación parcial del cepo cambiario, lo que quedará como sedimento de todos estos movimientos será una devaluación del peso de 30 por ciento. En este nuevo contexto, habrá varios sectores de la economía que perderán, al tiempo que otros se verán beneficiados.

Entre aquellos que sufrirán la devaluación se destacan los gobiernos provinciales que están endeudados en dólares o en pesos atados al valor de la moneda estadounidense. La magnitud de su perjuicio se puede apreciar en un cálculo del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) que verifica el incremento del valor de la deuda emitida en dólar linked entre el momento de emisión y el 24 de enero de este año. Sólo por efecto de la devaluación del tipo de cambio oficial (sin considerar la tasa de interés que ronda el 3 o 4%), una provincia que emitió a mediados de abril de 2013 sufrió un encarecimiento de su deuda de 55%; una que lo hizo a mediados de agosto, de 46%, y una que se endeudó en diciembre, de 27 por ciento.

Pero las consecuencias recién empiezan ahí: los asalariados y jubilados, por ejemplo, terminaron esta semana con un sueldo que, medido en dólares, vale 20% menos. Dicho de otro modo, perdieron dos de cada diez pesos cobrados. Las negociaciones salariales serán más conflictivas y, como sucede en épocas de inflación, irán por detrás del alza de precios.

En el mundo empresario, en tanto, ya se vislumbra quienes la tendrán más difícil. La estatizada YPF, por caso, una empresa que importa y vende energía en el mercado interno en pesos, se derrumbó en la Bolsa. De lunes a viernes, la valoración de su acción perdió 21 por ciento. El mercado descuenta que vendrán tiempos difíciles.

Nadin Argañaraz, director del Iaraf, dice que el aumento de la deuda provincial en dólares va a tener un impacto importante en su situación fiscal. «El endeudamiento en dólar es el talón de Aquiles de las provincias, que, para colmo, tienen sus ingresos en pesos», explica el economista.

En tanto, Néstor Grindetti, ministro de Hacienda de la ciudad de Buenos Aires (CABA), confió que ya sabían que el dólar se iba a mover, pero no que el Gobierno iba a hacer lo que hizo entre el jueves y el viernes. La deuda total en dólares de CABA es de US$ 1791 millones (US$ 904, son los Tango, en dólares, y el resto es dólar linked, que se paga en pesos).

Que los trabajadores y los jubilados están en el grupo de quienes, en la sociedad, pierden con una devaluación, es algo que ofrece pocas dudas. Una inflación que se acelera, en un escenario complicado para las negociaciones salariales dado el debilitado nivel de actividad económica, significa que se agravan las dificultades y se refuerza un pronóstico que ya varios economistas hacían un mes atrás: 2014 será un año con conflictividad laboral y social en alza, y con muy elevadas probabilidades de que en la carrera de precios y salarios ganen los primeros.

«En nuestra última encuesta, hecha en diciembre, las empresas decían que, en promedio, tenían proyectado un aumento salarial de 25% en el año para los empleados incluidos en convenio, y estimaban que los sindicatos expresarían demandas de entre 27 y 30% -afirma María Laura Calí, directora de SEL Consultores-. No creo que la proyección de lo que darían pueda cambiar. El margen de las empresas es escaso y se suma ahora la incertidumbre.» Según ese relevamiento, casi 40% de los directivos considera que este año la puja por los ingresos será más complicada que en años previos.

«En medio de un escenario de turbulencias, es muy difícil que se desarrollen paritarias», evalúa, por su parte, Jorge Todesca, que fue secretario de Política Económica durante el gobierno de Eduardo Duhalde. El economista recuerda que la devaluación de 2002 se dio en medio de otras condiciones macroeconómicas y que el traslado a precios fue bajo en comparación con la experiencia histórica y con lo que podría pasar ahora. «Hubo una política monetaria y fiscal cuidadosa como contrapesos», señala.

Sin embargo, en aquel año y según estimaciones de economistas, los trabajadores formales perdieron, en promedio, un 25% de la capacidad adquisitiva de sus salarios. El proceso de negociación colectiva que permitió una recuperación ganó protagonismo entre dos y tres años después.

«Imagino que esta vez puede haber un mayor traslado a precios [por la devaluación] y reclamos inmediatos del sector sindical», analiza Todesca. En 2013, se estima, se perdieron entre 2 y 3 puntos de salario, si se mide el nivel de ingresos contra la inflación. Y en lo que va de este año se suma otra pérdida: medido en términos del dólar oficial ya perdieron casi un 20 por ciento.

Por el lado de la industria, no está claro aún cuál será el resultado final de la devaluación, puesto que, si bien muchos rubros se benefician con el mayor valor en pesos de sus exportaciones, también deberán pagar un mayor costo de todos aquellos insumos que necesitan para funcionar.

El economista y ex ministro de Economía Miguel Peirano dice que, obviamente, quedarán más dañados aquellos sectores que tienen un componente de insumos importados más grande, pero, de todos modos, medidas como las tomadas por el Gobierno esta semana afectan integralmente el funcionamiento de todos los sectores. «Existen márgenes de maniobra para reordenar la economía sin necesidad de estas medidas de shock bruscas», opina.

Los especialistas consultados dicen que una devaluación intempestiva como la aplicada, sin un contexto de ordenamiento de la economía ni un plan integral que la englobe, tiene en el corto plazo una mayoría de perdedores. Cuando la devaluación no se enmarca en un plan, explican, es difícil preservar su impacto en términos reales, porque la propia inflación erosiona su efecto.

«Virtualmente, hay un país parado.» Así describe la situación Ernesto Ambrosetti, economista jefe de la Sociedad Rural Argentina (SRA). Sucede que, a priori, se supondría que el campo es un gran beneficiado por la devaluación, ya que su exportación sería más valiosa en pesos, pero la cuenta no es tan lineal.

Las últimas medidas no cambian la situación por la que pasa el agro, porque una devaluación del peso no mejora la falta de competitividad general de toda la economía. «Lo mismo que pasa con los electrodomésticos va a pasar con los insumos del agro, donde el encarecimiento de los costos va a ser más veloz que el reflejo de la devaluación en los distintos productos del sector agropecuario», señala Ambrosetti.

En principio, la devaluación beneficia a todos aquellos sectores exportadores como, por ejemplo, las economías regionales. La industria vitivinícola, los frutihortícolas, olivicultores, arroceros y azucareros, entre otros. Pero hay que ser muy cauto, advierte Dante Sica, director de la consultora Abeceb.com, y esperar a ver cómo juegan las otras variables de la economía, porque aún no se sabe cuánto de eso que ganan por devaluación se les va a ir vía inflación interna y aumento de costos. El sector automotriz es otro de los que, a priori, se vería beneficiado, ya que 70% de su producción se exporta. Pero, otra vez, hay que ver cómo juega la inflación interna en sus costos, como los laborales. Además, hay que tener en cuenta el juego de intercambio con los países socios comerciales de la Argentina, ya que es importante ver cómo impacta en ellos la depreciación de nuestra moneda.

El comercio también se anota en el listado de los perjudicados por la devaluación. De hecho, el jueves algunas empresas anunciaron que suspenderían sus actividades y los sitios web de compra online de las casas de electrodomésticos más grandes del país estaban en «mantenimiento».

Carlos de la Vega, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, dice que las cotizaciones en el mercado oficial y paralelo generaron un importante grado de desconcierto en las actividades comerciales que trabajan con productos importados o nacionales que contienen un alto grado de partes traídas desde el exterior.

De la Vega explica que a las empresas se les genera una incógnita sobre cuál será el valor de reposición, por lo que dudan en vender hoy un producto a un precio que luego, cuando tengan que reponerlo, tendrá un valor mucho mayor. Uno de los ejemplos que cita es el de un televisor, cuyas partes son en su mayoría importadas. «Si hoy lo venden a 5000 pesos, cuando tengan que reponerlo costará 6000.»

En tanto, la acción de la petrolera estatizada YPF perdió en la semana 21% de su valor en la Bolsa porteña. Es verdad que no son muchas las acciones que se negocian, ya que hay poca existencia. Sin embargo, el recorrido del papel refleja como pocos los temores de los inversores a la hora de asumir riesgo argentino.

La empresa que comanda Miguel Galuccio fue una de las pocas que en el último tiempo logró seducir a los inversores con emisiones en dólares. Justamente, aquel mérito hoy le juega en contra, porque la mayoría de sus ventas son en pesos. Paradojas de una economía devaluada.

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