Una tormenta en el horizonte

Fuente: Página 12 (28/10/2013)

El boom de los precios internacionales de los commodities de la última década podría revertirse por dos factores: la salida del mercado de commodities de capitales especulativos y una desaceleración del consumo de China e India. Cómo debe reaccionar Argentina.

Producción: Javier Lewkovicz

Cambio de tendencia

Por Anahí Rampinini y Lisandro Mondino *

El boom de los precios internacionales de los commodities de la última década podría revertirse por dos factores: la salida del mercado de commodities de capitales especulativos y una desaceleración del consumo de China e India como consecuencia de la crisis mundial. Este horizonte se vuelve más posible si se considera la alta volatilidad que los precios de las materias primas han mostrado históricamente, con procesos de aumento y de caída tan amplios como el que tiene lugar en la actualidad.

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El director de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Ben Bernanke, anunció que planea reducir paulatinamente su política de compra de activos, llamada Quantitative Easing, con la idea de cerrar con esa estrategia en 2014. El organismo monetario comenzó con esta política monetaria no convencional en 2009, a partir de la compra de grandes cantidades de sus propios bonos y de los activos respaldados en hipotecas (considerados “tóxicos”), inyectando así cientos de miles de millones de dólares al mercado financiero en crisis (actualmente a un ritmo de 85 mil millones de dólares mensuales). Los efectos de esta política han sido: una baja sostenida de la tasa de interés de los bonos del tesoro de largo plazo (10 años), llegando a un mínimo de 1,51 por ciento en julio de 2012, y la generación de una masa de capitales que, más que destinarse al recupero de la economía real de los Estados Unidos, se volcaron a los mercados financieros de los mercados emergentes y a los mercados de futuro de los commodities. El efecto fue la elevación de los precios.

Desde que se realizó el mencionado anuncio de Bernanke el mundo está experimentando el fenómeno conocido como vuelo a la calidad: un flujo masivo de capitales hacia los activos “seguros” y de “alta calidad” de los Estados Unidos, tentados por la suba de la tasa de interés de los bonos del Tesoro de largo plazo (10 años) de un punto porcentual en menos de dos meses, alcanzando un 2,9 por ciento en agosto. Por el momento, de todas formas, la Fed aclaró que seguirá con la política de Quantitative Easing, a la espera de mejores previsiones de crecimiento de la economía norteamericana, antes de disminuir el ritmo de compra de activos.

El vuelo hacia la calidad generó en los mercados de países emergentes una alarmante fuga de capitales en los últimos meses, por ejemplo Indonesia ha perdido el 14 por ciento de sus reservas internacionales desde el anuncio, India el 5,5 por ciento, Turquía ha experimentado una salida de capitales de 3 mil millones de dólares en un mes y Brasil enfrentó una salida neta de capitales de 10 mil millones de dólares en un trimestre. Este fenómeno tendrá un impacto a la baja en las perspectivas de crecimiento de muchos países emergentes, cuyas cuentas nacionales durante estos últimos años han dependido de la entrada de capitales.

En cuanto al segundo factor que mencionábamos, en la actualidad la economía china ha desacelerado su crecimiento. Pasó de las tasas anuales de dos dígitos de la última década a tasas en torno del 7-8 por ciento. Entre las causas de este fenómeno se encuentra el hecho de que la economía china presenta el nivel de apalancamiento financiero –medido como el ratio de crédito doméstico sobre el PBI– más alto de todos los países emergentes, habiendo aumentado más de 30 puntos porcentuales en los últimos cinco años (evolución similar a la experimentada por Tailandia, Japón, España y EE.UU., en los años previos a los estallidos de sus respectivas burbujas financieras). Mayormente los deudores son gobiernos locales, empresas estatales y desarrolladores inmobiliarios, tanto en el mercado bancario oficial como en el denominado “en las sombras”. Otra de las causas es la baja en la demanda internacional de sus productos de los países centrales en crisis.

Ante este escenario se espera la aplicación en China, durante los próximos años, de políticas de administración y reducción del crédito para evitar una debacle financiera. Dado que el crédito es un componente importante del crecimiento del PBI chino, este último se verá afectado. Se espera que China mantenga en el mediano plazo las tasas de crecimiento actuales del 7-8 por ciento, como fase baja de los ciclos de crecimiento que el país ha venido experimentando durante los pasados veinte años. A su vez, India está experimentando tasas de crecimiento de su PBI inferiores a los dos dígitos, distantes de las alcanzadas durante la última década, y se espera que mantenga tasas en torno del 4-5 por ciento anual. Por lo tanto, el mercado internacional de commodities tendrá una menor demanda de China y de India, dando un impulso adicional a la baja a los precios de los commodities, o al menos reduciendo las posibilidades de su recupero. Según los índices de precios futuros de los commodities publicados por la revista The Economist, los alimentos cayeron durante el último año un 20,8 por ciento y los insumos básicos industriales, un 7,4 por ciento. Es otro indicio del cambio de tendencia en los precios de las materias primas.

* Maestrandos en Relaciones Económicas Internacionales (UBA).


Desafío económico

Por Miguel Giudicatti *

El actual modelo económico, que ha permitido la recuperación de la demanda agregada sobre una política de generación de ingresos y de inclusión social, comienza a encontrar importantes limitaciones en la generación de divisas externas que sostengan el fortalecimiento de la economía argentina. En tal sentido, y a pesar del crecimiento de las exportaciones industriales, es de amplio conocimiento que nuestra economía tiene una fuerte dependencia de las exportaciones de bienes primarios y manufacturas de origen agropecuario. Para estos sectores, el panorama mundial y regional de los últimos años ha sido de una menor dinámica comercial por dos aspectos bien marcados. Por un lado, se ha observado una menor intensidad en los flujos de demanda, derivada de la situación de crisis en las principales plazas económicas a nivel global, incluyendo a Brasil.

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Por el otro, se hace cada vez más presente un escenario con tendencia de precios relativos de los commodities a la baja, especialmente por un comportamiento más conservador de parte de los Estados Unidos y un menor nivel de demanda de grandes jugadores, como China. Este último aspecto puede derivar en un impacto negativo sobre el nivel de facturación de las exportaciones argentinas, en la medida en que esa tendencia a la baja de los precios agropecuarios se verifique de forma persistente.

Estos dos efectos se conjugan en una menor cuantía de divisas para el saldo comercial argentino, dando así nuevos argumentos para considerar el retorno de la restricción externa. A nivel microeconómico, los productores podrían adelantar algún tipo de estrategias defensivas, con objeto de tener menores pérdidas relativas de ingresos por los menores precios de sus exportaciones. A nivel macroeconómico, la menor valoración de los commodities a nivel internacional podría ser doblemente perjudicial para la economía nacional, por el menor ingreso de divisas vía saldo comercial y por la reducción en los ingresos fiscales asociados a los tributos del comercio exterior. En ambos casos, los efectos tendrían consecuencias fuertemente negativas para nuestro país, en términos de la generación de recursos propios para sostener su crecimiento, sin la necesidad de recurrir a mecanismos de financiamiento externo.

Este escenario da cuenta de tensiones que potencian el debate sobre el tipo de especialización productiva y la presencia de una restricción externa para la economía argentina, cuestión que aún sigue sin resolverse por la permanente demanda de divisas para afrontar las crecientes importaciones industriales y el menor ingreso derivado de las exportaciones, principalmente agropecuarias. Frente a ello, son variadas las propuestas que se han oído para su tratamiento, como por ejemplo la modificación del tipo de cambio, en busca de compensar esa menor dinámica comercial externa, aumentando la competitividad precio de las exportaciones, en el corto plazo.

El argumento anteriormente descripto puede resultar muy seductor, pero sin embargo vuelve a dejar fuera de escena el problema de fondo, que es el equilibrado desarrollo de la estructura productiva. Las producciones de los complejos agropecuarios suelen estar asociadas a corrientes de comercio internacional de baja intensidad tecnológica y en donde su dinámica comercial y de precios sufre de fuertes alteraciones por factores exógenos y externos a nuestra economía. Este tipo de inserción productiva conlleva serias vulnerabilidades y, frente a ello, la modificación del tipo de cambio para generar competitividad “espuria” de corto plazo sigue siendo un análisis de “sábana corta”.

Alternativamente, se podría avanzar hacia una estrategia de desarrollo industrial, que permita diversificar y potenciar la oferta de productos industriales exportables y completar los casilleros vacíos de nuestra matriz de insumo-producto, intentando reducir la dependencia de ingresos externos derivados de corrientes de comercio con alto grado de volatilidad por precio y por cantidad. Esta alternativa implica un Estado nacional presente, utilizando sus herramientas de política para fortalecer las capacidades productivas de las empresas nacionales, fomentando ganancias genuinas de competitividad, generando empleo de calidad, desarrollando valor agregado local e incorporando cambio técnico e innovaciones de producto y proceso. Este compromiso por una estrategia de desarrollo requiere de un Estado nacional que cuente con los recursos propios y que lleve adelante, como ha sucedido en los últimos 10 años, su decisión de política económica en dicha dirección.

* Vicedirector del Departamento de Economía y Administración Universidad Nacional de Quilmes.

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