Vivir para trabajar. O dejar de vivir

Carta de un informático enviada a la Unión Informática.

SECRETARÍA DE COMUNICACIÓN – UNIÓN INFORMÁTICA. En la labor cotidiana de la Unión Informática de representar a los informáticos, muchos testimonios son recogidos. Experiencias personales, anécdotas, e incluso, hechos que dan fe del trato que las empresas tienen para con sus empleados. En un reciente informe sobre el año y medio que transitaron los empleados de Sonda en representación de la Unión, se destacó que son dos los ejes principales del cambio a implementar en la industria: por un lado, el relativo a los salarios y las condiciones laborales; por el otro, el destierro de las prácticas inhumanas, las faltas de respeto y el atropello a los derechos del trabajador por parte de las empresas. En la carta que envía Maximiliano Gastón Carabajal, quien se desempeñó como SysAdmin en Micros, da testimonio del infierno que vivió durante los años que trabajó en la empresa a raíz del maltrato y abuso de la misma, conduciéndolo a varios intentos de suicidio. Actualmente se encuentra llevando a cabo acciones legales contra la empresa.

El relato de Gastón:

La empresa a la que pertenecí se especializa en el desarrollo y comercialización de software de gestión hotelera, adición y puntos de venta. Además de la venta del mismo, brinda soporte y soluciones de posventa. Los productos estrella de la compañía son Micros Fidelio y Opera, ostentando una adopción del 70% en las principales cadenas de hotelería a nivel mundial, como por ejemplo, Sheraton, Hilton Sofitel, Marriot, Hyatt, entre muchos otros. El equipo al que pertenecí brindaba asistencia técnica a países de Latinoamérica y el Caribe. Cuando alguno de los clientes reportaba algún problema, se comunicaba telefónicamente con nosotros y de manera remota nos conectábamos a los servidores para resolver el inconveniente según la prioridad del mismo.

Cada sistema tenía interfaces diferentes, con lo cual los problemas eran diferentes pero la empresa no nos había instruído para resolver. Se aprendía en el día a día y nosotros mismos éramos responsables de adquirir los conocimientos y el manejo con los clientes, sin tener un manual de procedimiento como los que habitualmente hay en un equipo de soporte técnico.

Se trabajaba en un constante estado de nerviosismo, sin saber qué hacer o cómo lidiar con el cliente, sobretodo una vez que se ingresaba a la empresa. Recién después de un año pude desempeñarme solo. Luego de trabajar arduamente durante un año en el turno mañana, solicité trabajar en horario nocturno ya que no había tanta presión de parte de los supervisores y la gerencia. Además, era más favorable para trasladarme a la empresa ya que en el otro turno tenía cuatro horas de viaje entre ida y vuelta.

Productos estrella: Micros Fidelio y Opera. Micros totaliza el 70% del mercado mundial en la comercialización de software de gestión hotelera, adición y puntos de venta. El año pasado cerró sus balances con ganancias de más de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, Micros no sólo se caracteriza por los bajos salarios, sino por un trato absolutamente inhumano para con sus empleados, como lo describe esta carta que un informático envía a la Unión.
Productos estrella: Micros Fidelio y Opera. Micros totaliza el 70% del mercado mundial en la comercialización de software de gestión hotelera, adición y puntos de venta. El año pasado cerró sus balances con ganancias de más de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, Micros no sólo se caracteriza por los bajos salarios, sino por un trato absolutamente inhumano para con sus empleados, como lo describe esta carta que un informático envía a la Unión.

Tras cinco años de trabajo en el turno noche, logré adquirir mucha experiencia y conocimiento de los productos. Las categorías se dividían en los siguientes escalafones: trainee, junior niveles I y II, y senior niveles I y II. En la mayoría de los casos, había algún ascenso según el desempeño, atado a la suerte en el aprendizaje. Pasé por todos los niveles llegando a senior de nivel II, pero de forma extraoficial llegué a supervisor. En los e-mails enviados a los clientes, me presentaba como supervisor del sector.

Durante el ejercicio de mis funciones, comencé a tener síntomas a raíz del stress de mi puesto: malestares estomacales que requirieron exámenes como endoscopías y biopsias. El diagnóstico concluyó en gastritis nerviosa. El manager responsable del sector, Martín Farias, me dijo que eso «era algo normal». Yo no era el único caso, había compañeros en la misma situación que vomitaban sangre, y los directivos lo tomaban como algo «normal», cuando sucedía no concedían licencia, sino que solicitaban «relajarse y seguir trabajando luego».

Eso fue el principio de los problemas de salud. Comencé a tener nuevos síntomas como mareos, palpitaciones, vértigo fuertes dolores de cabeza, presión alta y lumbalgia. Esto, teniendo en cuenta que en el examen pre-ocupacional, no hubo diagnóstico desfavorable.

Mi médico de cabecera, recomendó tomar las cosas relativas al trabajo con calma. Me diagnosticó agotamiento psicofísico, y repetidos episodios de distress, como también el cardiólogo y el gastroenterólogo. Los certificados médicos fueron entregados a Martín Farias acreditando mi estado de salud.

Dentro de la empresa, existían otras muchas irregularidades, por ejemplo, el último recibo de haberes fue entregado en agosto de 2011, con lo cual tuve que insistir para que me los entreguen. No sabía qué era lo que estaba cobrando y en concepto de qué. En los últimos que tuve, figuraban horas extra que jamás trabajé. Elegí el turno noche para poder hacer una diferencia salarial. Hay personal del turno mañana que cobra horas nocturnas. Cuando solicité un aumento de sueldo, me incrementaron las horas extra, que jamás las trabajé. Existe además una amplia diferencia salarial con respecto a personas con la misma categoría que yo tenía. De hecho, el director de la empresa, Gabriel Cruz García, reconoció que por el trabajo que entonces realizaba en la empresa, la remuneración era muy magra.

La empresa me solicitó que asista al psiquiatra de medicina laboral. Informé que no estaba en condiciones de viajar por los ataques de pánico que sufría. Acordamos entonces que un remis me lleve y traiga a mi domicilio. En una oportunidad, el remis no pasó a buscarme. En otra, fui al centro médico de Meyl, la empresa que brindaba servicios de medicina laboral a Micros, y al llegar me dijeron que ya no atendían más en esa sede, sino en Belgrano, de lo cual no me habían informado absolutamente nada. La última vez que asistí, me acompañó mi esposa, ya que dado mi cuadro psicológico, me sentía más seguro. Al llegar al consultorio, esperé durante más de 40 minutos, nadie respondía. Decidí llamar a la empresa, y nadie sabía nada al respecto. Tuve una llamada telefónica con RR.HH. en la que planteé que dado mi diagnóstico y lo que había sucedido con el remis que me habían prometido, parecía una broma de muy mal gusto para alguien con mi cuadro clínico.

Enfermedades profesionales: algo "totalmente normal y aceptable" a criterio de la dirigencia de Micros. En la carta que llega a la redacción de la Unión Informática, no sólo se destaca el terrible cuadro de depresión que condujo al empleado de Micros a intentar suicidarse, sino también una grave lesión en la columna a causa de no proveer los asientos adecuados. Asimismo, denuncia que ante casos similares en la compañía, la gerencia de RR.HH. definió el malestar de los empleados como "algo normal".
Enfermedades profesionales: algo «totalmente normal y aceptable» a criterio de la dirigencia de Micros. En la carta que llega a la redacción de la Unión Informática, no sólo se destaca el terrible cuadro de depresión que condujo al empleado de Micros a intentar suicidarse, sino también una grave lesión en la columna a causa de no proveer los asientos adecuados. Asimismo, denuncia que ante casos similares en la compañía, la gerencia de RR.HH. definió el malestar de los empleados como «algo normal».

El día 5 de febrero me comuniqué con Guillermo Delaney, gerente de RR.HH., para que me confirme en qué categoría estaba desempeñándome. Gabriel Cruz, director de área, me había informado telefónicamente que me habían ascendido de categoría mientras yo estaba de licencia. Delaney me dijo que eso era imposible, que verificaría la situación y se comunicaría telefónicamente conmigo, pero nunca lo hizo. En lo salarial, la remuneración era bajísima para un profesional de sistemas con años de experiencia, buena voluntad y predisposición. Mis compañeros pueden dar fe de lo que aquí expreso. En mis recibos de haberes, quitando las horas nocturnas y las extra, queda un sueldo muy bajo.

Vivía sólo para trabajar. Sinceramente, no creía lo que los médicos me diagnosticaban. Llegó un momento que estaba tremendamente agotado y no podía más, entonces esperé al director Gabriel Cruz García para recordarle la situación en la que me encontraba, rogándole que me otorgue quince días de licencia sin goce de sueldo para poder recuperarme. Se negó rotundamente diciendo que «iba a estar peor en mi casa sin hacer nada». Ya no encontraba manera de sobrellevar la situación. Un día, sin medir motivos, ingerí 25mg de clonazepam con alcohol, terminando en el hospital San Vicente donde me asistieron y quedé internado hasta que mi psiquiatra ordenó el alta. Continúe el tratamiento psiquiátrico atravesando varios episodios de depresión. En septiembre de 2012 tuve un segundo intento de suicidio al ingerir 60mg de eszopiclona con alcohol. Una ambulancia se acercó a mi domicilio, donde me realizaron un lavado de estómago y me trasladaron a la clínica IMA en la localidad de Adrogué. Allí, un médico psiquiátra me indicó que podía darme el alta, pero que debía radicar la denuncia en la comisaría o bien derivarme a un instituto neuropsiquiátrico algunos días para que me estabilice y así dejar tranquila a mi familia. Accedí justamente por la tranquilidad de mi familia, y fui internado allí. Jamás había vivido un infierno semejante ni había visto las cosas que vi estando internado. Lo que ví y sufrí allí no se lo deseo a nadie. Desde hace varios meses, el Dr. Guillermo Voss, perito psiquiátrico en Tribunales dió fe de mi situación en una carta enviada a la Dra. Eugenia Pascual, psiquiátra de la empresa de medicina laboral. Desde ese entonces, dar con el Dr. Guillermo Voss ayudó a que comience a salir adelante, pero no sin recaídas, de las cuales una culminó con una tercer intoxicación en abril pasado, esta vez con 250mg de levomepromazina ingerido con alcohol, terminando nuevamente en el hostital San Vicente.

Como si no fuera suficiente, un análisis determinó que padecía un desplazamiento de vértebras debiendo ser intervenido quirúrjicamente en julio pasado. Esta clase de problemas era moneda corriente en Micros. Años anteriores sufrí de lumbalgia; un compañero había enviado una serie de correos electrónicos reclamando el arreglo o cambio de sillas dado que había varias personas con lumbalgia.

Por último y casi una broma de parte de la empresa, el año pasado la empresa informó que obtuvo ganancias de más de 1.000 millones de dólares, y desde EE.UU nos enviaron un correo agradeciendo el desempeño de los empleados por dicha ganancia.

Espero haber sido claro en lo que describo en esta carta, dando fe de lo que estoy atravesando. Finalmente, la empresa, burlándose de mí, me ofreció $40.000 a modo de «arreglo» para que yo renunciara.

Maximiliano Gastón Carabajal


Aquellos empleados de Micros Systems u otros que estén atravesando una situación similar en su empresa, o bien deseen ponerse en contacto con la Unión Informática, está a disposición la siguiente dirección de correo electrónico: contacto@unioninformatica.com.ar

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  • Rodolfo Fleiitas

    fuerza Gastón! yo en IBM sufro lo mismo ! tengo miles de certificados por problemas gastricos intestinales por culpa de tanto estres que produce toda esta porqueria de sistema que subyuga al empleados de IT . Fuerza ! y vamos por el cambio !

  • Cesar

    Aguante Gaston, vamos, animo…yo estoy en una situacion similar, a la tuya e otra empresa. Pero no podemos aandonar, la unaica pelea que se pierde es la que se abandona, hay que aguantar y no moverse de huella aunque vengan degollando. Un abrazo

  • Viviana

    Mucha fuerza Gastón !!! Sos un valiente al hacernos conocer lo que te sucedió a través de esta carta, no aflojes !

  • Adrian

    Yo sufri y sufro ataques de panico hermano y NO SE LO DESEO A NADIE, dicen que es una de las peores sensaciones que puede llegar a sentir un ser humano.

    Fuerza y a luchar, a luchar que este gremio tiene que salir adelante de una vez por todas.

    Involucrate, involocremosnos. Manos a la obra. Si no, no hay cambios.

    pd:informen sobre la inscripcion gremial que paso con eso

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